Vivir en una postal
Clemen, la pixueta que “viajó” a Londres sin moverse del anfiteatro de Cudillero
Los vecinos del archifamoso barrio de pescadores, cuyas fotos viajan por medio planeta gracias a los miles de turistas que lo visitan cada año, lo tienen claro: lo mejor de sus casas, las "impresionantes" vistas

El "viaje" de Clemen a Londres sin moverse del anfiteatro pixueto

En una escapada a Londres, hace ya unos cuantos años, una mujer de Cudillero se dio de bruces en un quiosco con una revista que en la portada llevaba la foto de su vecina Clemen sentada a la puerta de casa, en pleno anfiteatro pixueto. La sorpresa fue mayúscula y muchas las risas que se echaron a la vuelta del viaje con la protagonista y sus familiares.
Era ésta, la de la foto, Clementina de la Fuente, una pixueta de las de toda la vida, de las más populares, tanto entre sus vecinos como entre los cientos de turistas que a diario paseaban por delante de su casa y paraban a charlar con ella, que les contaba historias de su pueblo, de cómo eran las cosas antes, les aconsejaba qué ver, qué hacer…
"Era muy famosa, siempre estaba aquí sentada y se ve que algún periodista le hizo una foto para un reportaje y acabó en aquella revista en Londres", recuerda con humor su nuera Manuela Murias, "Loli", que ahora vive con su marido, Víctor Fernández, en la casa de Clemen –que murió en 2023 con 98 años– en el número 8 de la calle de Cimadevilla, arteria principal del anfiteatro y ubicada en lo más alto.

Turistas con las letronas de Cudillero | / MARA VILLAMUZA
Vale la anécdota de la foto londinense como prueba de que Clemen, primero, y ahora Manuela viven dentro de una postal. Al igual que Ana García y Santiago Fernández, sus vecinos: la primera también de Cimadevilla y él, de más abajo, La Cuesta y Sol de la blanca. Los tres quedan esta mañana soleada en la que ya despunta el verano para contar cómo es y qué supone eso de vivir en la postal. En este caso, en el popular y mundialmente conocido anfiteatro de Cudillero, ese conjunto de casas de colores apiladas de forma imposible en la ladera que rodea la plaza de La Ribera y que desde hace siglos fue y es, aunque cada vez hay menos, el lugar de residencia de los pixuetos, los pescadores del pueblo.
Inaugura este barrio la serie de reportajes "Vivir en una postal" que a lo largo del verano se publicarán semanalmente en este suplemento de LA NUEVA ESPAÑA para contar cómo es la vida diaria y cotidiana en esos rincones que no fallan en las fotografías que se llevan de vuelta a casa los miles de turistas que visitan Asturias cada año. "Es como todo, tiene cosas buenas y cosas malas", coinciden en decir los tres pixuetos.

El "viaje" de Clemen a Londres sin moverse del anfiteatro pixueto
En esta ocasión toca hablar de lo bueno y hay unanimidad: el buen ambiente, la familiaridad entre los vecinos y, por supuesto, las vistas. Esto lo confirma tajante Adelita Valle: "¿Lo mejor de aquí? Abro la ventana y veo todo el pueblo y el mar nada más levantarme, así durante todo el día".
Sin comodidad
Adelita se une al grupo de camino a su casa, en la que vive con su madre Milina, nonagenaria, y que queda aún más arriba. La misma firmeza que emplea para ensalzar las vistas del lugar la usa para dejar claro que no se lo recomienda a nadie para vivir. "Qué va, no es cómodo", zanja.
Los vecinos se enfrentan todo el año a calles muy empinadas, resbaladizas, difíciles de transitar y que ponen a prueba las piernas de los turistas. "Tenemos el gimnasio en la calle", ríen los pixuetos. Los mayores lo van teniendo difícil según cumplen años y muchos optan por irse a vivir a casas más accesibles. El día a día es difícil.

Ana García, Santiago Fernández y Adelita Valle / MARA VILLAMUZA
"Pero bueno, hoy en día te llevan la compra a casa", matiza Santiago, quien hace constar en acta que el anfiteatro es barrio de longevos. Con sus vecinas empieza a contar los nonagenarios que hay o están a punto de serlo y todos aquellos que murieron rozando el siglo. Y salen unos cuantos.
Avanza la mañana y los primeros turistas empiezan a dejarse caer por Cimadevilla. A tres neoyorquinas que resumen con el esperado "beautiful" lo que les parece Cudillero y el anfiteatro –también tienen piropos para el clima y para la "autenticidad" de lo que visitan– toca darles consejo. Adelita desvela dónde se toma la mejor foto: a unos metros de la casa de Loli, justo cuando hay una especie de curva y sale hacia arriba una estrecha calle de escaleras. Tomen nota: "El que hace la foto debe ponerse en la cuarta para ganar altura y los que posan, junto al pasamanos". El paisaje de fondo hace el resto.
Cómo llegar
Está bien comunicado por autobús y tren, al disponer de varios servicios al día. Para ir en coche no hay dificultad: desde la autovía del Cantábrico hay que salirse por el desvío indicado y seguir las señales. El trayecto desemboca en el aparcamiento del puerto, donde es obligatorio aparcar (de pago en verano). Para llegar a La Ribera, centro neurálgico de la villa, toca andar un poco (500 metros).
Qué ver
Una vez hecha la obligada foto junto a las letronas (con el anfiteatro al fondo), bien al llegar o al irse, toca adentrarse en las calles del anfiteatro aunque a priori dé pereza. Son calles empinadas, pero menos de lo que parecen y el camino está lleno de rincones para descansar y fotografiar. Hay itinerarios señalados. Uno típico es el que llega al mirador de La Garita, una mole de hormigón que a nadie gusta y es más bien fea, pero que logra congraciarse con quien la sube gracias a las fotos que permite hacer desde el alto.
La otra "joya" de Cudillero
En El Pito se levanta la Quinta de los Selgas, un conjunto palaciego rodeado por espléndidos jardines levantado a finales del siglo XIX por los hermanos Ezequiel y Fortunato Selgas Albuerne. El primero fue un empresario próspero y el segundo, un amante del arte y de la historia que supo aprovechar e invertir bien el dinero de su hermano. El resultado es el palacete, de diseño historicista y lleno de fabulosos muebles, pinturas, cerámicas y esculturas que conforman uno de los conjuntos más valiosos de España. La suerte es que está abierto este verano al público: se puede visitar hasta el 13 de septiembre, de martes a domingo. La entrada general: 14 euros.
Sin dudarlo se harán ahí la foto las turistas americanas, en el llamado "el paredón del beso", porque también paran muchos a hacerse un selfie dándose un beso. Cuestión de modas y del postureo para las redes sociales. Esas en las que hoy a buen seguro triunfaría Clemen.
La añorada pixueta hacía de guía cuando hacía falta, recuerda su nuera. "Mandaba a la gente a los sitios habituales de por aquí, a la casa de las conchas, al mirador a ver la casa del pintor…", explica.
Los "calzoncillos de Neptuno"
El pintor es Jesús Casaus, cuya casa ahora son apartamentos turísticos que lucen en su fachada una obra del artista que cayó rendido ante el embrujo del anfiteatro pixueto y en lo más alto del mismo se instaló a vivir con su mujer. Murió y fue enterrado en el pueblo. Al encanto pixueto también sucumbió el periodista Tico Medina, a quien se debe la descripción más original del típico curadillo de Cudillero, el pescado colgado en las casas secando al sol y que él definió como "los calzoncillos de Neptuno".
Dónde queda
Cudillero queda en la costa occidental asturiana Limita con Valdés, Salas, Pravia y Muros de Nalón. La población ronda los 5.000 vecinos, que se concentran en la capital, Cudillero, y varias localidades y pueblos como Oviñana, Novellana, Soto de Luiña o San Martín de Luiña.
Es el curadillo otra cosa típica que ver en la zona, aunque se debe pasear con tranquilidad y fijarse bien en las ventanas. "Tienen que tomarse tiempo, los turistas ahora van muy rápido, no ven mucho, no aprecian las cosas", avisan los vecinos. "Esto no son solo vistas espectaculares, hay mucho más", aconsejan los pixuetos. Todos están prestos a ayudarlos y a aconsejarlos, aunque también tienen alguna reprimenda al visitante. Porque eso de vivir en la postal tiene su parte negativa, como la falta de respeto, con ruidos y gritos a deshoras, por ejemplo. "Si te descuidas se te meten en casa a hacerte una foto", ríen Ana y Loli.
Lo dicho, son cosas de vivir en la postal. Esa que más abajo, ya en el puerto, junto a las letronas, fotografían constantemente los miles de visitantes que se acercan a Cudillero, con el anfiteatro a sus espaldas. Muchos se quedan en La Ribera, sin adentrarse en las recoletas, estrechas e imposibles calles en cuesta entre las casas en las que moran desde hace siglos los pixuetos. "Ellos se lo pierden".
Suscríbete para seguir leyendo
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la máquina de coser de mano que garantiza los mejores resultados: compacta, ligera, portátil, potente e ideal para reparaciones rápidas
- El refugio de verano de Amancio Ortega está en un pequeño pueblo rodeado de calas preciosas, conocido como el Caribe gallego
- La justicia elimina la multa de la ITV: un juez pone punto y final a la clásica sanción de 200 euros impuesta por la DGT
- El mejor refugio para combatir las olas de calor está en Asturias: una piscina de agua 'muy fresca', ubicada en un parque natural y rodeada de verde y grandes montañas
- Un futbolitsas francés que apoya a 'La Roja': 'Me gustaría que ganase España; me reconozco más en su forma de jugar
- La Audiencia de Gijón respalda el desahucio de un hijo de 24 años por la mala convivencia con los padres
- Tres heridos, uno de ellos grave, al ser arrollados por su propio coche en Pajares
- Los motivos de la marcha de los curas de Navia y Tapia, que dejan sus parroquias tras treinta y siete años, respectivamente