Isabel Oliveros, la maestra jubilada en Vegadeo que siempre está disponible para ayudar, recibirá en unos días el XVIII Vegadense del Año
"Es algo extraordinario que en el pueblo donde llevas viviendo sesenta años te reconozcan tus valores", señala la homenajeada, de 91 años

Tania Cascudo
A Isabel Oliveros (1935), franquina de nacimiento y afincada en Vegadeo desde hace seis décadas, se le iluminan los ojos cuando recuerda su etapa como docente. Dar clase fue su pasión, pero no su única dedicación, ya que a lo largo de su vida ha estado y sigue estando implicada con el tejido asociativo y social del concejo veigueño. Son motivos que acreditan que el próximo jueves, 6 de agosto, reciba el XVIII Vegadense del año que concede anualmente la asociación de Amigos de Vegadeo y su concejo.
"Es algo extraordinario que en el pueblo donde llevas viviendo sesenta años te reconozcan tus valores, que para mí no tienen mérito porque yo soy así y hago lo que me sale de dentro. Nadie tiene por qué agradecérmelo. Si vives en un pueblo, lo normal es echar una mano para que ese pueblo crezca y se dé a conocer. Me parece una cosa tan normal, que no tiene ningún mérito", señala Oliveros, que repasa su trayectoria vital para LA NUEVA ESPAÑA.
Magisterio por libre
Nació en 1935 en el pueblo franquino de Valdepares y completó sus estudios gracias al empeño de su maestra, María Florentina Fernández Gayol. Ella convenció a sus padres de que la niña tenía talento y, pese a las estrecheces económicas que tenía su familia, pudo hacer carrera. Eligió Magisterio y, no sin esfuerzo pues debía compaginar el estudio con el trabajo, logró sacar la carrera por libre y la oposición a la primera.

Isabel Oliveros sentada en el parque del Medal. / T. Cascudo
Su primer destino fue Otur (Valdés), después Navelgas (Tineo) y Barres (Castropol), hasta que finalmente recaló en las escuelas nacionales de Vegadeo en 1966. No estaba en sus planes quedarse en la villa veigueña, pues quería acercarse a Oviedo y seguir estudiando, sin embargo conoció al que se convirtió en su marido, Luis Casteleiro, tuvo dos hijos y echó raíces. "Ya me habían advertido de que Vegadeo es un pueblo muy acogedor y que no me iba a querer marchar y así fue", relata con una memoria envidiable a sus 91 años.
Aunque inicialmente no quería dar clase en Infantil, acabó dedicada por completo a los más pequeños. "Tenía miedo de no saber entenderme con ellos, pero no me arrepiento de mi elección. Me enseñaron a razonar, a tener paciencia y lo pasé muy bien con ellos porque los niños son alegres y siempre te dicen la verdad. Mi empeño fue enseñarlas a ser personas responsables y la importancia del trabajo bien hecho", señala. A juzgar por el cariño con el que la saluda su legión de exalumnos, cumplió el objetivo con creces.
Solo un encerado y tiza blanca
Siempre intentó reciclarse, estar al día de las nuevas tendencias educativas y se fue adaptando a los cambios del sistema. "Evolucionó mucho, piensa que cuando yo empecé solo había un encerado y tiza blanca, todo el material lo hacíamos los maestros a mano", apunta, al tiempo que lamenta que la educación "se haya vuelto demasiado permisiva" y que se exija "poco" a los alumnos. Se jubiló en el colegio Jovellanos, si bien recuerda con mucho cariño su primera escuela en Vegadeo, convertida ahora en la sede de la Escuela de Música.

Oliveros en el parque del Medal. / T. Cascudo
Es difícil relatar la innumerable cantidad de colectivos y causas en las que Oliveros colaboró, desde presidir la Asociación Medalla Milagrosa, a participar en la comisión organizadora de la Feria de Muestras. Fundadora de la coral Eo Musical, secretaria durante años de la biblioteca, del colectivo de las Amas de Casa y de Caridad Vegadense… "Ahora me estoy retirando de todo, aunque sigo presidiendo Manos Unidas y hago voluntariado en la residencia La Milagrosa y eso que soy mayor que muchos de los usuarios", bromea.
Confiesa que es incapaz de decir que no cuando le piden ayuda, pero también sabe que participar y ayudar forma parte de su manera de ser. "Mis padres, siendo muy pobres, siempre ayudaron a todo el mundo. Nunca le faltó a nadie un plato de caldo en mi casa y eso es algo que heredé y sale natural", admite Oliveros, madre del cronista oficial de Vegadeo, Luis Casteleiro.
Su implicación social le ayudó, confiesa, "a seguir viva, con ilusión y siempre con ganas de trabajar y prepararme". Cuesta creer que sume 91 años, pues sigue llena de vitalidad y es difícil encontrarla en casa. Mujer muy querida en Vegadeo, el jueves recibirá orgullosa un premio del lugar que ha hecho su casa.
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