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Vegadeo aplaude a Isabel Oliveros por una vida enseñando y haciendo comunidad

"Nadie construye el futuro en solitario; el bien común se construye entre todos", resumió la maestra jubilada en su discurso tras recibir el Vegadense del Año

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Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Vegadeo

Hay cosas que no se olvidan y este jueves la maestra Isabel Oliveros, haciendo acopio de toda su experiencia, lo demostró sobre las tablas del escenario de la Casa de Cultura de Vegadeo. Ante antiguos alumnos, familiares, autoridades y vecinos, la homenajeada convirtió la entrega del vigésimo octavo Premio Vegadense del Año en una lección de memoria, gratitud y sentido del humor.

Oliveros recibió el reconocimiento después de seis décadas vinculada a Vegadeo. Llegó al concejo en septiembre de 1966 para hacerse cargo de la unidad de párvulos de las antiguas escuelas nacionales de la carretera de Taramundi. Desde entonces, su vida profesional y personal quedó estrechamente unida a la villa.

La presidenta de Amigos de Vegadeo y su Concejo, Natalia Riego, abrió el acto destacando la huella dejada por la docente en varias generaciones de veigueños. La definió como una maestra "dedicada, atenta e innovadora, siempre disponible" para ayudar tanto al alumnado como a sus familias. No solo enseñó a leer, escribir o resolver problemas, recordó Riego, sino también a convivir, desarrollar la empatía, afrontar las dificultades y aprender de los errores.

El valor de la experiencia

La homenajeada reconoció en su discurso que la noticia de su elección la había tomado completamente por sorpresa. Cuando Natalia Riego la llamó para comunicárselo, su primera reacción fue advertirle de que ya era "muy mayor". La presidenta respondió que, precisamente por eso, tenía más experiencia.

"Los reconocimientos de casa son siempre los que más llegan al corazón", afirmó Oliveros, que recibió el premio como "un regalo precioso" y un honor que quiso compartir con todas las personas que la acompañaron a lo largo de su vida.

Público en el acto institucional.

Público en el acto institucional. / Ana M. Serrano

Su discurso fue un recorrido por seis décadas de recuerdos. Evocó a sus padres, que educaron a una familia numerosa con pocos recursos, pero con valores como la responsabilidad, la generosidad y la disposición a compartir. También agradeció el apoyo de sus hermanos, hijos, nietos y demás familiares, a quienes calificó como "personas vitamina" por su capacidad para darle ánimos ante cualquier dificultad.

"Nadie construye el futuro en solitario; el bien común se construye entre todos", resumió.

Recuerdo a los primeros compañeros

Oliveros recordó también a sus primeros compañeros en las escuelas nacionales: Jacinto, Amador, Justa Veiguela y Justa López, tal y como enumeró. Fueron ellos quienes, después de observar su trabajo durante sus primeras semanas en Vegadeo, la animaron a colaborar en charlas, asociaciones y actividades que ayudasen a prestigiar la enseñanza pública.

La maestra siguió el consejo al pie de la letra. Durante catorce años se responsabilizó del comedor escolar, que llegó a atender a unos 400 niños y niñas. Para formarse dedicó parte de sus vacaciones a estudiar nutrición, preparar menús saludables y aprender a gestionar un servicio cuyo papeleo debía realizar a mano después de terminar las clases.

También colaboró en la catequesis, participó en el consejo del arciprestazgo y llegó a presentar sesiones de cinefórum pese a que, como reconoció entre risas, apenas había ido al cine. Esa disposición permanente para ayudar explica, según Natalia Riego, que Isabel Oliveros se convirtiese en una integrante activa del tejido asociativo y cultural de la comarca.

Las asociaciones, con dificultades

La presidenta aprovechó el acto para reivindicar precisamente el trabajo de las asociaciones. Advirtió de las dificultades para organizar actividades por las exigencias laborales y familiares, el aumento de los costes y la pérdida de compromiso social. Como ejemplo, señaló la escasa asistencia registrada en algunas iniciativas y las dificultades para encontrar colaboradores para la revista La Vega, que reducirá su periodicidad a un número anual.

Frente a esa situación, Riego presentó a la nueva Vegadense del Año como un ejemplo de participación constante y desinteresada. "Ha invertido gran parte de su vida en dinamizar la educación y la cultura veigueñas", señaló antes de destacar que su trabajo ha contribuido a hacer crecer la villa.

El momento más emotivo llegó cuando Isabel Oliveros habló de sus antiguos alumnos. Muchos son hoy padres e incluso abuelos, pero todavía se acercan para recordarle que fue su profesora y que no la han olvidado. Ella respondió con humor cuando le dicen que continúa igual que entonces: "Son un poco pelotas".

La homenajeada terminó como había desarrollado toda su intervención: agradeciendo. Fue el cierre sencillo de una ceremonia dedicada a una maestra que enseñó dentro y fuera de las aulas y que, sesenta años después de llegar a Vegadeo, continúa recibiendo el cariño de un pueblo que conserva intacta su memoria.

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