El bosque que obliga a mirar de frente a la violencia está en Luarca: "No solo denuncia la agresión directa, sino la pasividad de quien contempla la injusticia sin intervenir"
La instalación de Vicente Pastor, artista valdesano, compuesta por 78 piezas, hace reflexionar sobre la indiferencia y la llamada del compromiso

Vicente Pastor posa con una de las piezas en el bosque-jardín de la Fonte Baxa de Luarca. / Ana M. Serrano

"Este proyecto habla de compromiso". Con esa declaración de intenciones el historiador Santiago Martínez abrió este viernes su intervención como comisario de la nueva instalación artística del valdesano Vicente Pastor, una obra que convierte el bosque-jardín de la Fonte Baxa de Luarca en un espacio "para la reflexión" y obliga al visitante a preguntarse cuál es su responsabilidad ante la violencia, la destrucción de la naturaleza y el sufrimiento de quienes no tienen voz o son vulnerables.
La instalación, formada por 78 siluetas de animales, parte del respeto al medioambiente, pero amplía su significado "hacia lo social, lo político y la propia condición humana".

Una de las piezas, en las que colaboraron alumnos del Bachillerato de Artes de Luarca. / Ana M. Serrano
La inauguración comenzó en uno de los corazones del complejo, hoy de gestión pública. Un grupo nutrido de personas arropaba a Vicente Pastor, que tuvo una intervención breve, pero audaz. El riesgo y la inteligencia de la brevedad. Vicente Pastor, en su casa que es el concejo de Valdés, agradeció la acogida del proyecto, la colaboración de todas las personas que lo hicieron posible y la presencia del público en un lugar que definió como un espacio "capaz de transformar la propia obra". La propuesta nació años atrás en un lugar de Francia, pero su llegada a este "más bosque que jardín", segun el concejal Jesús Fernández, le concede una vida y un significado nuevos. No se trata exactamente de la misma creación, explicó el artista, "porque cada paisaje, cada entorno y cada mirada modifican aquello que se instala en ellos".
Los animales como punto de partida
Los animales constituyen el punto de partida, aunque el verdadero discurso los trasciende. La obra habla de las relaciones de poder y de cómo, a lo largo de la historia, "siempre ha existido alguien que decide sobre la vida de otro": el fuerte sobre el débil, quien tiene voz sobre quien carece de ella o quien domina un territorio sobre quien simplemente lo habita.
Vicente Pastor recurrió al pensamiento de Pier Paolo Pasolini para advertir de que "el poder no solo destruye, sino que también consigue que la destrucción deje de parecernos extraordinaria". La costumbre "transforma a las personas en espectadores y convierte la indiferencia en una de las formas más peligrosas de complicidad". Por eso, las siluetas negras repartidas por el bosque no representan únicamente animales. Simbolizan también todas aquellas vidas que quedan a merced del poder y todas las presencias silenciosas que apenas percibimos porque hemos aprendido a apartar la mirada.

Cartelería de la exposición en el acceso al bosque-jardín. / Ana M. Serrano
Cuando la violencia contra quienes no tienen voz "deja de conmovernos, cuando la destrucción del mundo natural ya no sorprende y cuando el abuso comienza a parecernos inevitable, el poder deja de necesitar imponerse desde fuera porque ya se ha instalado en nuestro interior". "El arte no puede impedir la destrucción, pero sí puede ampliarnos la mirada", afirmó el artista. Esa frase resume el propósito de una intervención que no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino modificar la forma en la que el público contempla el paisaje y se relaciona con él.
La obra plantea además abandonar la idea de que el ser humano es dueño de la naturaleza y propone reconocerse como una parte más de ella. Solo entonces, señaló Vicente Pastor, la instalación habrá encontrado su verdadero sentido.
Una ocasión "única"
El comisario de la muestra reconoció definió la inauguración como "una ocasión única", un punto de encuentro entre personas procedentes del ámbito de la naturaleza, vecinos atraídos por la singularidad del lugar y espectadores vinculados al mundo del arte.
La instalación lleva por título "Aquel que observa no derrama menos sangre que el que asesta el golpe", una frase que condensa la dimensión ética de toda la propuesta. Parafraseando todo lo que se dijo, la obra de Pastor "no denuncia solamente la agresión directa, sino también la pasividad de quien contempla la injusticia sin intervenir".

Por la izquierda, Santiago Martínez, Jesús Fernández, Vicente Pastor y Silvia García.. / Ana M. Serrano
El proyecto invita así a superar la condición de mero espectador y a adoptar una posición de compromiso. No mirar hacia otro lado, asumir una actitud y comprender que aquello que sucede en el entorno también nos pertenece. Y ese carácter ético atraviesa, según Santiago, toda la trayectoria de Vicente Pastor: "Su obra pictórica, sus instalaciones y sus trabajos vinculados al cuerpo mantienen una coherencia basada en la preocupación por el entorno, el reciclaje de materiales y la relación emocional con la naturaleza". Y esa coherencia, amén de su personalidad y vasta obra, hacen a Pastor "tan especial".
El comisario vinculó el proyecto con la denominada ética de la tierra, inspirada en el pensamiento de Aldo Leopold, y con formas de creación cercanas al land art, aunque subrayó que la intervención no invade agresivamente el paisaje ni pretende dejar una huella permanente: "La instalación existe para ser vivida durante un tiempo determinado; se integra en el bosque, dialoga con él y desaparece después, dejando en el visitante la experiencia, la memoria y, posiblemente, una manera diferente de mirar". Santiago relacionó especialmente el trabajo de Vicente Pastor con el de la artista cubana Ana Mendieta, por la conexión emocional con el lugar y por la idea de que cada intervención artística debe nacer de una vivencia concreta, respetuosa y ligada al momento.
Alumnos del instituto
Las 78 figuras de animales, realizadas en madera laminada, fueron elaboradas con la colaboración de estudiantes del Instituto Carmen y Severo Ochoa. Esta participación "aporta al proyecto una dimensión colectiva y educativa", al implicar a jóvenes que representan, como destacó el comisario, la cantera del arte y del futuro. Están recortadas y pintadas de negro. "La simplificación elimina los rasgos individuales de cada animal, pero les concede una fuerza universal; ya no representan solamente a un lobo, una oca o un faisán, sino a todos los animales y, por extensión, a todos los seres sometidos".

Parte del público durante el acto inaugural. / Ana M. Serrano
La incorporación de una diana sobre sus cuerpos "transforma definitivamente la imagen en símbolo". La figura deja de ser únicamente una representación "y se convierte en objetivo, en víctima, en una referencia directa a la caza, la violencia y la destrucción". La inauguración concluyó con un recorrido guiado por el jardín de la mano de su guía oficial, Nike García. La exposición se podrá ver todo el verano.
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