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Opinión

Carlos López Fernández

Carlos López Fernández

Decano de la Facultad de Geología

Valdés, una tierra que viene del sur del mundo

El suelo que pisamos en el concejo de Valdés, aunque cueste creerlo, se originó a 10.000 kilómetros de distancia hace más de 470 millones de años. Fue cerca del Polo Sur donde se formaron las rocas sobre las que hoy levantan las montañas y la costa valdesana; desde allí emprendieron un largo viaje hasta alcanzar su ubicación actual.

La formación rocosa más conocida en Valdés es, seguramente, la denominada “Pizarras de Luarca”, que agrupa a esas rocas de tono gris oscuro que caracterizan los tejados del concejo, los acantilados de la playa de Luarca o en infinidad de taludes de los caminos locales. Estas rocas metamórficas tuvieron, en realidad, un origen sedimentario: se formaron por la lenta acumulación de sedimentos de pequeño tamaño (limos, arcillas, etc.) en el fondo de un mar hoy desaparecido. Con el paso del tiempo y bajo el efecto de la presión y la temperatura, estos materiales se transformaron en roca.

Labrando la espectacular costa que va de Barcia a Cudillero y originando el espectacular relieve de la mitad oriental del concejo, aparecen las areniscas y cuarcitas que conforman la Serie de Los Cabos. Estas rocas de tonalidad clara, que son las más antiguas que afloran en Valdés, se originaron también en un mar poco profundo, aunque en este caso a partir de la acumulación de arenas, arenas como las que hoy en día vemos en playas y ríos.

Pizarras, areniscas y cuarcitas, nacidas a miles de kilómetros de Valdés, emprendieron un largo viaje durante el cual experimentaron una intensa historia. En un primer momento formaron parte de un gran continente llamado Gondwana (la configuración de los continentes nada tenía que ver con la actual), que hace unos 300 millones de años colisionó con otro continente denominado Laurasia. Como resultado de ese choque se formó el macrocontinente Pangea – el único que había en la Tierra en aquel momento- y surgió una enorme cordillera, de unos 3.000 kilómetros de longitud y 800 de ancho, comparable en sus elevaciones al actual Himalaya: la Cordillera Varisca.

Valdés se encontraba muy cerca de la zona de colisión (cuyo eje estaría aproximadamente en la actual Galicia), lo que provocó que las rocas que hoy observamos sufrieran altísimas presiones y temperaturas, transformándose de manera irreversible hasta dar lugar a las actuales pizarras y cuarcitas (pasando así de rocas sedimentarias a rocas metamórficas). Además, se plegaron intensamente y se fracturaron.

De aquella cordillera apenas quedan las huellas que atestiguan su existencia, huellas escritas en las rocas y que geólogos de todo el mundo acuden a esta tierra a interpretar. Las rocas no dejan de ser las páginas de un libro en el que se escribe nuestra historia, nuestro pasado.

Pero la historia no termina ahí. Hace varias decenas de millones de años se formó la cordillera Cantábrica (junto con los Pirineos y los Alpes) durante un proceso conocido como Orogenia Alpina. El relieve montañoso actual del concejo valdesano tiene precisamente su origen en ese importante episodio geológico, durante el cual nuestras veteranas pizarras y cuarcitas volvieron a deformarse y fracturarse, adquiriendo su actual configuración.

Esta es una brevísima síntesis de la historia del suelo que pisamos en Valdés. Una historia que aún no ha concluido, como tampoco lo ha hecho el viaje que hace cientos de millones de años comenzaron sus rocas en el lejano Polo Sur. Seguimos viajando, lenta pero inexorablemente, ahora camino del noroeste. Pero esta es otra historia, que habrá tiempo de ser contada.

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