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Luarca no perdió la esperanza por ver el eclipse pese a las nubes: centenares de personas toman la carretera del faro y el entorno de la Atalaya

No se pudieron ver las fases, no se pudo ver el anillo, "pero la sensación fue emocionante", contó uno de los desplazados

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Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)

Las nubes impidieron ver el esperado fenómeno en toda su plenitud en la costa del occidente asturiano, pero no ocurrió así en el interior. Concejos como Valdés vivieron "una gran escapada" hacia Tineo y Cangas de Narcea, en palabras del personal que vigilaba los aparcamientos especiales organizados por el Ayuntamiento, desde última hora de la mañana.

"La esperanza no se puede perder", fue la declaración más recurrente en la capital de Valdés al inicio de la tarde cuando mirar al cielo daba miedo: unas nubes que solo el nordeste podría ahuyentar.

La carretera del faro, cerrada al tráfico, fue el lugar elegido para miles de personas. Llegados de Porto, en Portugal, la pareja formada por Antonio y Leonor Ponte no pensaron en escapar. Con sus sillas de acampada elegieron un lugar con mejores vistas: el entorno del faro. «San Pedro nos ha traído nubes», bromeó el primero. El eclipse "nos trae algo diferente, difícil de explicar", contó la mujer, por eso cuando en Luarca se hizo de noche muchos jóvenes empezaron a vitorear y aplaudir. No se pudieron ver las fases, no se pudo ver el anillo, "pero la sensación fue emocionante", contó Carlos Fernández. Más frío, una luz que "faltaba" a un ritmo mayor del habitutal.

Antes de todo ello, la zona mayoritariamente elegida en la capital de Valdés fue la que también prefería también el Premio Nobel Severo Ochoa para captar con su cámaras las puestas de sol: el entorno de La Atalaya y toda la carretera de faro. Gafas que no sirvierno para nada, muchos jóvenes bromeando sobre "qué se verá y qué no" y una multitud que, en este paraje, solo se ve durante un día ál año: la procesión del Nazareno de Jueves Santo.

"Es un momento especial y eso es suficiente", contó el italiano Alessio Vinattieri peregrino de visita fugaz a Luarca que acompañó la espera con una sidra. Muchas pandillas de jóvenes esperaban con interés el fenónemo. Fue el caso de Alejandro Álvarerez, Sara Fernández, Cecilia Rodríguez, Layre Freije y Andrea Gago, quienes bromeaban con sus gafas especiales para eclipses. "Merece la pena quedarse aunque no se vea nada, es algo histórico", contó Cecilia.

También hubo muchos asturianos de otros lugares que se concentraron en Luarca. Fue el caso de la familia formada por Brono Calfin y Cintua Fernánde, de Mieres. Tenían previsto ir a Ribadesella, pero finalmente cambiaron de opinión. Luarca sería "el lugar ideal". Con manta incluida, esperaron el eclipse en el entorno de La Atalaya, conscientes de que con las nubes había riesgo de no ver nada de lo prometido. Más arriba, la familia de Cáceres formada por Javi Sánchez, Sol Delgado y sus hijos Manuel y Julio. "A los niños les hacía mucha ilusión e hicimos en Luarca una parada", contaron.

El gobierno se mostró satisfecho con el operativo para afrontar las numerosas visitas ante el eclipse. "Hemos demostrado que tenemos capacidad de reacción", indicó el alcalde, Óscar Pérez.

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