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El 'saleo' de Luarca cumple su ritual bajo la lluvia demostrando la fuerza de la tradición

Fieles y visitantes celebran la festividad de la Virgen en Luarca, adaptando la celebración a las condiciones meteorológicas

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Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)

No hay problema que pueda con el Rosario, con el saleo de Luarca, con la procesión de la Virgen que protege a los marineros y que cada 15 de agosto deslumbra en Luarca a fieles, lugareños y visitantes.

Llovió en la capital valdesana durante parte de la tarde. Tanto, que la procesión y la misa se adelantaron. El recorrido se hizo rápido. El ‘saleo’ —la procesión marítima que culmina con el lanzamiento de una corona desde la embarcación que lleva a la Virgen— se celebró y se cumplieron los rituales. Todo "fue más rápido", pero todo "fue».

Es una señal de que este momento no puede faltar en Luarca y, también, del respeto que los luarqueses, y especialmente las familias marineras, sienten por la cita y por la imagen religiosa.

Lo explicó Begoña Fernández, de familia marinera y cuyo padre "falta" desde hace un año y cuatro meses. "Al final piensas en él y piensas en todo; te vienen todos los recuerdos y por eso para mí esta fiesta es tan importante", dijo. Begoña es, además, costalera. Desde hace tres años son mujeres las que portan a la Virgen, aunque esta tarea no es exclusiva de ellas.

Entre quienes acudieron a la fiesta había también visitantes llegados de fuera de Asturias que veranean todos los años en Luarca y que, pese a que el tiempo "no favorece", decidieron sumarse a la jornada. Cuando alternan las nubes y el sol hay mucha más gente, pero, si la lluvia hace acto de presencia, "hay que buscar soluciones", contaron las amigas Alicia Carreño y Emma Ruiz.

Otros salieron de trabajar y se incorporaron directamente a la fiesta. Una luarquesa de pro, Quini González, aseguró que esta celebración "me gusta, sí o sí": algo que da la veteranía luarquesa.

Luis Olay también disfrutó de la fiesta pese a la lluvia. "El mal tiempo no es ajeno a los asturianos y seguimos viviendo esta fiesta con mucha devoción", explicó mientras muchos grupos, entre ellos el suyo, se preparaban en la calle con cenadores

A las 17.35 horas, el cura advirtió a los fieles de que podían irse en paz. La Virgen se quedó en la iglesia, con un manto que esperaba a secarse. Fue entonces cuando muchas familias optaron por hacerse la tradicional foto con la imagen.

Fuera, algunos se retiraban a sus casas por la lluvia, pero otros persistían. Sofía Olascoaga tiene un bebé de cuatro meses y retirarse le pareció lo más oportuno. "Me gusta ver a la Virgen y ver la procesión, pero toca irse", contó.

La juventud aprovechó para refugiarse en los cenadores que se instalaron en el paseo del Muelle, cerrado al tráfico (salvo emergencias) para la ocasión. También algunas familias con integrantes de diferentes edades, de abuelos a nietos, se sumaron a la fiesta con su propio cenador. Fue el caso de los Gayol Fernández. La portavoz por un día, Alexia Fernández, contó risueña la aventura: «Tenemos que estar aquí porque es tradición familiar». ¿Y qué es la fiesta para ella? "Sobre todo, unión", dijo. Por eso, la lluvia "no puede aguar el momento". Comieron en un restaurante de Luarca "muy bien", vieron la procesión y después siguieron de fiesta.

Rosi Gayol, de la organización, fue la encargada de vender durante parte de la tarde los pañuelos del Rosario y también otros accesorios. Este año, el viernes se agotaron los pañuelos rojos, característicos de las fiestas, y el sábado solo estaban disponibles los azules.

Las fiestas son una ocasión "especial", dice Ángel Lanza, de 78 años, para rememorar tiempos pasados y felices. Lanza, vecino de El Cambaral y perteneciente a una familia marinera de toda la vida, asegura que la fiesta no ha cambiado con el paso de los años y que eso la hace tan auténtica "que todos queremos participar, llueva o no". Un momento especialmente emotivo fue cuando la Salve marinera, cantada en directo por el coro Santa Eulalia, sonó en la iglesia, justo cuando hizo su entrada la virgen.

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