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José de Arango

Las vacas de Claudio

Sobre el molinero de La Barraca (Salas), de 92 años, que no puede ser ganadero

A los pocos días de cumplir los noventa y dos años, Claudio García, de La Barraca (Salas), desilusionado por no encontrar quien le segase sus dos prados de El Rellouso– donde tiene un molino a pleno rendimiento– se marchó en su utilitario a la villa para pedir en la oficina de la consejería de Medio Rural información sobre qué requisitos necesita para comprar dos vacas que le puedan pastar las parcelas que tiene en la ribera del río Aranguín. Le entregaron un documento con la normativa correspondiente al caso, Claudio se echó el papelín al bolsillo y regresó a casa para atender su molino y su comercio a modo de pequeño Corte Inglés creado hace un siglo por sus padres.

Después de descansar un poco, se dispuso a leer el documento que le dieron en la oficina de la consejería. Lo leyó de corrido para ir entrando en harina –como buen molinero que es– y pasó después a tratar de asimilar, párrafo a párrafo, la normativa que ha de cumplir para poder encargar al tratante Tino Balbino, de Malleza, dos vacas que destinaría al pasto en El Rellouso, ya que ahora, con la crisis ganadera, nadie se interesa por el aprovechamiento de los mismos.

Lo de los permisos ganaderos lo pasó por alto porque, al fin y al cabo, son cuestiones administrativas y eso lo consideró como letra pequeña. Ni caso, de momento. Pero llegó a un punto en su lectura donde ya se quedó paralizado. Sin ánimos para seguir. Le piden que para tener dos vacas pastando ha de construir un establo. O sea, una instalación adecuada para que los animales estén a refugio de invernadas. Y ocurre que en la ribera del Aranguín no se puede construir ni una caseta para el perro.

Como Claudio sabe por experiencia que la Confederación no se anda por las ramas en materia ambiental y de respeto del río, llegó a la conclusión de que bajo ningún concepto puede ser ganadero. Y con noventa y dos años esto es un duro golpe. Muy duro. ¡Menos mal que el molín sigue moliendo! No todo está perdido.

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