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El hórreo de La Regalina

Respuesta a las críticas por la operación para salvar la tradicional construcción asturiana de Valdés

La borrasca “Bella” dejó un gran argayo en el acantilado del campo de la Garita poniendo sobre la mesa el acta de defunción de uno de los hórreos más importantes de nuestro patrimonio. El dilema era complejo, porque salvarlo requería una reacción rápida, arriesgada y costosa. Contra todo pronóstico, el Ayuntamiento de Valdés aceptó el envite y salvo el hórreo.

A partir de ese momento, se han vertido críticas relacionando el “excesivo” coste de la operación con las necesidades de las personas en el grave momento actual; no son nada nuevo, solo el runrún de siempre de ese utilitarismo que tanto daño inflige a nuestra diversidad.

El hórreo de La Regalina no es un hórreo de gran antigüedad, riqueza decorativa o excepcional porte; al contrario, es un hórreo pequeño, de casa humilde, con los pegoyos cortos, las pontes anchas y todo de castaño; típico de la zona costera de los concejos de Cudillero y Luarca.

Un hórreo más que, situado en cualquier otro lugar, pudiera pasar desapercibido para quien los hórreos tienen un valor meramente folclórico y, por tanto, muy escaso cuando se trata de hablar de “temas serios”. A fin de cuentas, ¿para qué sirve un hórreo?

El hórreo asturiano es un elemento de inestimable valor patrimonial y paisajístico que sintetiza icónicamente la experiencia emocional que nuestra comunidad desarrolla en la realidad espacial con la que interactúa de forma permanente. O lo que es lo mismo, en el hórreo está aquello que los asturianos somos, lo que nos conecta con ese lugar donde el universo se llama Asturias.

Esa conexión se produce de tal forma en La Regalina que allí está la esencia de Asturias; no es sólo el hórreo, sino el conjunto que forma junto con el resto de elementos naturales y culturales que concurren justo en ese punto donde el campo de La Garita se une con el cielo y el mar. Perder el hórreo sería perder una parte importante de la romería, del Corri Corri, de la subasta de alfiladas. Sería renunciar al equilibrio allí existente y con él una parte de nosotros.

Puede que los detractores piensen que podría seguir la fiesta sin el hórreo o buscar otro hórreo parecido dado que no se trata de una construcción singular, pero eso sería ignorar que cuando hablamos del patrimonio cultural inmaterial, como es el caso, son precisamente “esos detalles” los que importan.

Solo un utilitarismo ciego puede obviar esto, no se trata de estudiar historia sino de afrontar los problemas de hoy con la sabiduría ancestral de nuestro pueblo. Como dijo Gustav Mahler, no se trata de adorar las cenizas, sino de transmitir el fuego. Es ahí donde el hórreo de La Regalina adquiere un valor inestimable, residiendo en nuestra retina es un dedo que directamente apunta a la sencillez, a la humildad, a las raíces desde las que se levantan los hórreos para que todavía hoy podamos reconocernos.

Sirva lo dicho de agradecimiento al Ayuntamiento de Valdés y a la Sociedad Popular La Regalina por salvar el hórreo del campo de La Garita; es sin duda un buen homenaje a todas aquellas familias de nuestros pueblos que, cuidando calladamente los hórreos, a través de generaciones han guardado por nosotros el fuego.

Ahora solo queda que realizar un llamamiento solicitando el apoyo de las administraciones públicas y la ciudadanía de Asturias para lograr la rápida restauración del hórreo, la Asociación de Amigos del Hórreo Asturiano lo va a prestar.

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