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José de Arango

Vuelve el estraperlo

Del dinero y el jamón con el que familiares de enfermos de Salas lograban la penicilina que iban a buscar a Gijón

Todo parece indicar que estamos a las puertas de que se repita, más de medio siglo después, un nuevo estraperlo, en este caso para conseguir vacunarse contra la actual pandemia. Hasta ahora se sabe que las influencias de algunos personajillos de la política han hecho posible algunas vacunaciones más o menos encubiertas, pasándose por el forro los protocolos de las autoridades sanitarias. Puede ser el inicio de un estraperlo como el que hubo en su día con la penicilina.

Allá por la década de los cincuenta del siglo pasado, algunos lunes viajaban en la camioneta de Mallecina, dirección a Pravia, familiares de enfermos de la comarca de Salas que iban a Gijón en “Los Zapicos”, para desde la estación de los autobuses del praviano Ángel Blanco, sita en El Parrochu de la calle Langreo, continuar en tranvía hasta el puerto de El Musel, donde adquirían la penicilina de contrabando. Al vendedor se le pagaba el fármaco en pesetas y al intermediario de turno se le recompensaba con un jamón. Y la por entonces milagrosa penicilina se venía para el pueblo. En aquellos tiempos se estraperlaba con casi todo. Era un secreto a voces el sistema que había para entrar a formar parte de la nómina de la por entonces denominada Ensidesa, empresa estatal ella que era como un seguro de vida laboral para quien lograse entrar en su plantilla. No se pudo demostrar nunca si había tarifa económica por el medio, pero lo que sí asegura la crónica rural es que el negociador recibía del nuevo empleado de la siderúrgica avilesina el mejor jamón que había en el hórreo de la casería. Y si no lo había se le compraba a Gilo San Cristóbal, que los tenía siempre muy buenos, ya que era el jamonero que más experiencia tenía en estos menesteres.

Tendrán que hilar muy fino las autoridades sanitarias para que en la situación actual no vuelva a salir a la superficie la picaresca de aquellos años en los que la penicilina se negociaba en determinados sectores portuarios de Gijón. Algunos hosteleros oriundos del concejo de Salas tenían buena información de donde estaban los nichos, como se dice actualmente, del estraperlo medicinal. Claro que ahora la cuota de un jamón puede que no sirva ni para una llamada por el móvil al estraperlista. Aunque sea de pata negra.

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