Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Félix Martín

De los okupas hosteleros en las iglesias católicas

Toda Asturias siente el pálpito de la tragedia sanitaria que estamos padeciendo desde hace ya un año. Lo absolutamente irreparable, y se escribe pronto, son las víctimas mortales y sus familiares directos, todo lo demás, mal que bien, tiene solución. La hostelería es uno de lo sectores que más soporta esta tremenda situación, y todo tiene un límite. Echo de menos la apertura de las sidrerías, como si fuera el propietario de todas ellas; me falta la música de la sidra brincando sobre el vaso, como si de una sinfonía de ángeles celestiales se tratara. Tengo tantas ganas de entrar en La Cubierta, en La Terraza o en el Mesón del Puerto, en Tapia, como si me estuvieran esperando con la alfombra roja. Soy chigrófilo a tiempo completo y cuento los minutos para celebrar la reapertura de dichos establecimientos. Me queda muy poco, y estoy preparado.

Pues bien, nada me impide reprobar con toda contundencia los desafortunados encierros de hosteleros en varias iglesias católicas asturianas, a sabiendas y aprovechándose de ello, claro, de que estos espacios sagrados también están reservados para dar voz a los más necesitados. No es la primera vez que se dan estos encierros en las iglesias católicas en Asturias. La catedral de Oviedo ha tenido que soportar larguísimos confinamientos de obreros de la fábrica de armas ovetense, como si El Salvador, es decir, el santo al que homenajea nuestra iglesia metropolitana, fuera el culpable de estas malditas precariedades laborales. También la Iglesia de San Pedro en La Felguera, y ahora la de San José en Gijón.

Y me asalta una curiosidad, ¿por qué estos encierros no tienen lugar en los salones de los ayuntamientos, en las sedes sindicales, o en la Junta General del Principado de Asturias? ¿Por qué no en las mezquitas musulmanas que hay en nuestro solar patrio asturiano? ¿Por qué nunca las mezquitas de Oviedo, Gijón o Lada (Langreo) son el escenario de estos confinamientos, cuando el excelso alfombrado de estos lugares sagrados para el Islam presenta unas comodidades tan espléndidas?

Como se dice ahora, ahí lo dejo, por si acaso nuevas reivindicaciones laborales se produjeran en nuestro horizonte. ¡Dios ni Alá lo quieran!

Compartir el artículo

stats