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La Nueva España

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Félix Martín

El Occidente le escribe al Rey

Las necesidades de esta parte de Asturias y la carta que un emigrante allandés hizo llegar al Monarca

Llueve sobre muy mojado. Pero han tenido que producirse muertes por argayos, para que la ciudadanía occidental de Asturias haya salido a la calle (algunas alcaldías han ido a remolque), en demanda de un trato igualatorio respecto del resto del territorio asturiano y de la recuperación del tiempo perdido. Hasta aquí sólo contábamos con las reivindicaciones de las minas canguesas que, cerradas, ya no merecen crédito sindical alguno, para continuar con el resto de asuntos pendientes.

Las carreteras siguen deficitarias en el Occidente, y su economía, mayoritariamente autónoma, no hace sino disgregar más aún la fuerza social. La marinería se pasa la vida faenando, lo mismo la agroganadería, que bastante tiene con aguantar las embestidas, no ya de los lobos, sino del asturiano (aunque no lo parezca) Hugo Morán, secretario de Estado de Medio Ambiente. Entre tanto, los cuatro senadores asturianos (tres de ellos socialistas), supuestamente defensores de éstas y otras causas en la Cámara que se dice “territorial” (absolutamente prescindible), permanecen en el más absoluto de los autismos. Eso sí, en un estatus de retiro dorado con soldada multimillonaria.

“Asturias tiene en el Gobierno de España, su mejor aliado”, dice nuestro presidente Sánchez, refiriéndose al señor Barbón. Pero lo cierto es que Asturias, el Occidente sobre todo, y tras cuarenta años, ¡cuarenta!, de gobiernos socialistas, no ha sido capaz de emerger en ninguno de los registros que miden el progreso de una región. Una despoblación galopante, una población envejecida, servicios hospitalarios incompletos o deficitarios, sin planes turísticos, con la fibra óptica pendiente y una formación profesional miope, incapaz de prever las necesidades de los florecientes astilleros (de Navia y Figueras), en este caso para beneficio de los muy atentos vecinos gallegos.

Con este panorama y, sobre todo, reconozcámoslo, con la indolencia propia de esta tierra esqueicida, nada extraña que haya tenido que ser un asturiano desde la otra orilla del Océano, quien haya hecho las veces de embajador de Asturias para pedirle cuentas al Rey, en su reciente viaje a Puerto Rico.

Este detalle de un humilde emigrante allandés, y sin pretenderlo, nos deja en la más ridícula de las evidencias. Los fondos europeos ya están en el cajón. Ahora, pongámonos a rezar para que se conviertan en una inversión de futuro y no en un gasto preelectoral, simplemente, tal y como, salvando las distancias, ya ocurrió con los fondos mineros.

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