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Félix Martín

Tapia de Casariego en el Camino

La peregrinación a Compostela se ha convertido en los últimos años, y mucho más allá de su principal sentido religioso y al menos espiritual, en una actividad de sumo interés y marcado carácter turístico. La villa tapiega con todo y no ser final de etapa viene contando en los últimos años con una aceptación sobresaliente de los caminantes. Baste recordar que en 2019, antes de la invasión del maldito virus, fue lugar de descanso de casi 4.000 peregrinos a Compostela. La ubicación de su albergue no puede ser más privilegiada, basta con observar la cara de asombro de los peregrinos tan pronto como alcanzan la vista del Ribeiro de Represas, y no digamos cuando comprueban la ubicación del propio albergue con el mar a sus pies y un lavadero centenario a su servicio.

Falta, no obstante, una apuesta decidida de parte del Ayuntamiento a la hora de valorar y calibrar las enormes posibilidades del equipamiento. Los peregrinos tienen a su favor no conocer la prisa ni la ansiedad por llegar, y más allá de quemar etapas y zapatillas, gustan saborear la comida de cada pueblo, beber en sus mesones, comprar en sus tiendas y proveerse de todo lo necesario para el camino. Por la noche antes de descansar en la litera, tener una red wifi veloz, resulta imprescindible.

Además, Tapia cuenta con un buen muestrario arquitectónico, tanto clásico como tradicional, así como un gran repertorio de atractivos en la marinería tradicional, playas y ribeiros para presumir, etc. Habría que incluir una web del peregrino en varios idiomas, claro, como luz principal de los usuarios del camino. También el albergue tapiego debería contar con un muestrario de grandes paneles, que es lo primero que entra por los ojos al caminante. Al modo que los peregrinos medievales «leían» en los muros de las portadas en las iglesias del Camino.

Interesa que el caminante esté entre nosotros el mayor tiempo posible, que haga amigos, y lo cuente, sobre todo que lo cuente. No invento nada. Más allá de las nuevas tecnologías, la transmisión oral sigue siendo como hace mil años la forma más rápida de comunicación. Y a partir de aquí, la sentencia medieval sigue estando vigente: «Buen camino, peregrino».

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