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Santiago Pérez

Doctor Abella, una vida en el Hospital Carmen y Severo Ochoa

Jubilación en Cangas del Narcea de un profesional muy querido

Llegó el momento inevitable. Toda una vida dedicada a un trabajo intenso y absorbente y va a poner fin a cuarenta y cuatro años de profesión, de los cuales treinta y seis en el Hospital Comarcal Carmen y Severo Ocho de Cangas del Narcea. Se retira, más bien lo retiran, tengo la sensación que por él aún seguiría. Se encuentra bien y se le ve muy bien. Es el doctor Rodolfo Abella Blanco (Oviedo, 1952), jefe de servicio de traumatología de ese hospital.

Rodolfo Abella es un hombre apasionado por su profesión. Los años no le han hecho perder empuje y da un poco de envidia verle con esa vitalidad a sus setenta años.

Tiene en su cabeza la historia del hospital. Lleva en él desde el primer momento, se inauguró el 27 de junio de 1986. Recuerda que en aquellos primeros momentos se encontró con todo por hacer y carecía de personal necesario para cubrir el servicio de traumatología. Así y todo lo puso en marcha y ese esfuerzo inicial y ver como se iba consolidando su equipo sirvió para que el doctor Abella reforzase sus lazos afectivos y profesionales con el hospital, tanto que han durado esos treinta y seis años. No es poco cosa la estabilidad que ha conseguido en su servicio. El Hospital Carmen y Severo Ochoa se caracteriza por tener una movilidad muy elevada en su personal, mantener la continuidad de los facultativos es complicado y, sin embargo, Abella lo ha conseguido. Ha logrado otra cosa aún más difícil, que ese equipo le respete y aprecie.

Rodolfo Abella es un hombre agradecido y así resalta el apoyo que tuvo en todo momento del doctor Antonio Murcia, entre otros. Asimismo señala el trabajo tan importante que llevan a cabo los médicos de familia y a pesar de ello considera que los tratan como a parias de la medicina.

Les voy a confesar algo que no es conocido fuera del ámbito hospitalario, el doctor Abella ha sido uno de los pilares de este hospital, y no me estoy refiriendo al aspecto clínico. Su valentía a la hora de hacer frente a decisiones políticas alejadas de las sanitarias es reconocida por quienes conocen los entresijos del centro sanitario.

Le pregunto, no podía ser de otra manera, por la actualidad de su servicio y del hospital en general. Está bastante satisfecho ya que actualmente operan mucho más. La pandemia tuvo sus efectos negativos, pero ahora están trabajando a un ritmo muy alto.

En líneas generales considera que el Hospital Carmen y Severo Ocho cuenta con una cartera de servicios adecuada, aunque menciona dos carencias que considera importantes, la falta de un servicio específico de gastroenterología y otro de cardiología. Una población tan envejecida como la comarcal se ve más afectada por patologías de esas especialidades.

Le comento la preocupación existente entre la población por lo que consideramos incumplimientos para enviar médicos de sustitución con el fin de cubrir las necesidades, tal y como se había prometido por los responsables políticos, y confirma que es cierto que se están produciendo. Así pone de manifiesto que algunos servicios están desatendidos, puesto que solamente cuentan con un especialista, como es el caso de Urología y Otorrinolaringología. Cuando descansan o se produce una baja no se presta la atención y los pacientes tienen que ser derivados al HUCA.

Como buen conocedor del hospital destaca que no se cubren las plazas de la plantilla orgánica y sigue dándose preferencia a otros hospitales con plantillas más holgadas.

El doctor Abella es consciente de las peculiaridades de la población a la que atiende este hospital, envejecida, dispersa y sin transporte público que los acerque al hospital, lo cual hace que el compromiso e implicación de los médicos sea mayor si cabe. Es más, afirma que en ese hospital realizan una medicina social debido a las condiciones socioeconómicas de la comarca, no siempre comprendidas desde la capital.

El hospital del suroccidente siempre fue el último de la fila, lo dice el doctor y yo lo secundo. La adecuación tecnológica ha sido un problema constante a lo largo de los años, aunque es cierto que se ha mejorado mucho.

En su dilatada carrera le llegaron cantos de sirena que nunca escuchó, es carne de quirófano. Acepto, en su momento, el cargo de Presidente de la Sociedad Asturiana de Traumatología, pero hasta ahí llegó.

Tiene una espina clavada muy hondo y que aún supura: la huelga de médicos de 2012. La recuerda con dolor y se sintió agraviado profesionalmente, al igual que sus compañeros, y no guarda un grato recuerdo de quien fuera consejero de sanidad en aquellas fechas.

Va a tener una jubilación muy ocupada. El espectro de sus aficiones es amplio: lectura, filosofía, derecho o economía están entre sus preferencias. Pero entre todas destaca la música, especialmente la ópera. Habla francés, espera retomar y mejorar su inglés, y ampliar su nivel de ruso. ¡Cómo lo leen, ruso! Me sorprende y le pido que me aclare ese interés.

Lo del ruso le viene por un tío carnal que fue niño de la guerra y además tiene tres primas que nacieron en la actual Ucrania. Estuvo en Rusia, todavía URSS, realizando dos cursos de ruso en Leningrado y allí conoció a la escritora Monserrat Roig, de quién fue amigo. Rodolfo Abella es una caja de sorpresas.

Cuarenta y cuatro años de carrera profesional y setenta años de vida dan para mucho más y él los ha pasado con nota.

El 1 de septiembre sus compañeros realizarán un pequeño acto de despedida en el hospital; el día 5 será su última jornada laboral y el 11 de noviembre, en el Parador de Corias, se celebrará una cena homenaje.

Termino con una reflexión que realizó al final de nuestra larga, y muy amena conversación: «Los médicos están muy comprometidos con este hospital y eso tienen que tenerlo claro la población y los políticos. Yo creo que los médicos de este hospital dieron mucho y lo siguen dando con gran generosidad por su parte. Eso hay que compensarlo de alguna manera, la población con cariño y apoyo y la administración con su cuidado. Que no nos tengan descuidados de la mano de Dios. No digo que los de Cangas cobren más que otros, pero que cuando se estropee un aparato que no nos tengan ahí sufriendo a la población y a nosotros».

Feliz jubilación y mejor vida, doctor.

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