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Tapia de Casariego

Bacotexo, no hay quinto malo

El grupo tapiego publica un nuevo trabajo discográfico, sobresaliente

«Ver el túnel sempre detrás da lluz, namás é tresbimbar». (Bacotexo)

Malos tiempos para la lírica, es lo que suelen argumentar eternamente los profesionales que se dedican a ello, cuando, precisamente, la crisis del directo está devorando muchas formas de expresión artística como nunca jamás.

Nada de esto, sin embargo, parece condicionar la dinámica de trabajo del mejor grupo de rock de Asturias, tapiego por más señas, y que acaba de publicar su quinta grabación discográfica. No estamos ante un conjunto cualquiera, y que como demasiadas veces viene ocurriendo en la rockerología asturiana haya empezado por grabar un disco e intentar hacer caja, para seguir o no haciendo méritos. Nada de esto se da en Bacotexo, reitero, compuesto por un trío de profesionales cualificados en sus respectivas tareas y licenciaturas universitarias, a más de excelentes músicos.

«Hai úa lluz que sempre acaba salindo» es el nuevo título de Bacotexo con nueve temas de aire conceptual (como los cuatro anteriores), y en donde otra vez la armonía coral, perfecta, debería ser la escuela de tantos grupos o cosas parecidas que son incapaces de afinar tres intervalos seguidos, y que estrombeiran como caballos en celo. Para demasiados conjuntos asturianos, el rock es sinónimo de ruido y decibelios; así, tamizan mejor la distorsión y la desafinación. Bacotexo, pone luz a esta incongruencia.

Además, los ritmos rockeros, y este grupo lo demuestra una vez más (con veinte años de andadura y cinco grabaciones discográficas de altura), no tienen por qué reñir con las melodías cantábiles como la que exhibe en «Baile nel xelo»; o con la participación del violín en las manos de Ross Gala en «Persiguindo el dragón» combinando su arco melódico con agudos punteos rockeros. Este grupo tapiego es pues, una bocanada de oxígeno en la música rock asturiana necesitada de tan buenos instrumentistas como cantantes, así como de personajes normales alejados de la excentricidad escénica. ¡Larga vida a Bacotexo, y que siga la escuela!

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