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Tierras de Tineo

Eran los años de la posguerra, años de cartillas de racionamiento, de contrabando y estraperlo, al menos, en el tiempo de mi infancia y juventud. Hemos tenido mucha suerte al vivir aquellos momentos, en el concejo de Tineo, también conocido como "El Concechón". Un concejo afortunado en donde, pese a la escasez generalizada, en las tierras de Tineo había carne y leche, además tenía una serie de montes comunales sembrados de trigo y centeno, por lo que se consideraba uno de los grandes graneros del Occidente que, además, podía abastecer de viandas a las capitales que estaban padeciendo escasez y penuria.

Un concejo que llegó a tener una población próxima a los 24.000 habitantes divididos en 44 parroquias y unos 300 núcleos, caseríos o pequeñas aldeas en donde se respiraba un gran sentido de solidaridad, muy necesario para vencer la adversidad de una guerra civil. Este concejo, en la actualidad no llega a los 10.000 habitantes y población muy envejecida.

Tineo fue una gran potencia en herrerías, molinos harineros y batanes, por cierto, en el pueblo de Parada, existía uno de los más antiguos batanes de España; además contaba con numerosas talabarterías, zapaterías, carpinterías, ebanisterías, telares, fábricas de embutidos y carnicerías con gran profusión de comercios mixtos que, con los mercados y las ferias, cobraban vida todas las semanas y,…al igual que la leyenda cuenta que una ardilla podía cruzar la península Ibérica, de norte a sur, saltando de árbol en árbol, así, se podían cruzar las tierras de Tineo, de bar tienda en bar tienda.

Los viajantes que venían por esta tierra, se pasaban semanas enteras, visitando a sus clientes, mostrándoles la mercancía en grandes "cubetas", desde Lagartera a Murcia o La Vera con su pimentón. Para esta zona llegaba, mayormente, de Valdepeñas, en grandes "bocoyes" construidos con duelas de roble; también llegaba algo de vino de León y cómo no, poca cantidad de vino de Cangas de la uva "carrasquin"... que con la gaseosa hacia un gran "tinto de verano". Las materias primas para los negocios procedían de los grandes almacenes de Oviedo y Gijón, por cierto, sus propietarios, casi todos de León o Zamora, pero ya asturianizados. También se contaba con almacenes de Luarca y el mismo Tineo… pero todo este movimiento comercial, últimamente ha ido desapareciendo con la reducción de la población

Permanecen vivos en mí aquellos recuerdos de cuando íbamos a Oviedo para el internado, saliendo a las cinco de la mañana para llegar sobre las diez. Tras una parada en Cornellana, para despertarnos con el bocadillo de Casa Grana, finalizando en el Auto Bar de Conrado en la calle Melquíades Álvarez. Aquellos coches "piratas", pero directos entre el pueblo y la capital, no solamente llevaban pasajeros sino también las mas diversas mercancías, desde patatas a jamones y embutidos, tras haber sobornado a los "grises" de tráfico, en la bajada de la Espina, posteriormente el "fielato" de Trubia y la "guardia civil de San Claudio". Gracias a estos servicios se podía sostener la economía de muchos pueblos de Tineo, a la vez que se ayudaba a mitigar las necesidades en la capital.

Tineo con sus 540 kilómetros cuadrados, unidos al mayor municipio de Asturias, Cangas del Narcea (por aquel entonces Cangas de Tineo, con 823 kilómetros), Valdés, Allande, Ibias y algunos más, cubren la parte más extensa de nuestra geografía desde la sierra de Rañadoiro hasta la costa. Nos vinculamos al bierzo por la agricultura, el vino y la minería, siendo la ruta de Leitariegos una ruta de diligencias entre el Cantábrico y Madrid, gestionada en su mayoría, por vaqueiros y maragatos. De toda aquella época, permanecen en alza la industria chacinera con el "chosco" por bandera y los potajes de berzas, regado todo ellos con un buen vino de Cangas, a la altura de cualquier etiqueta.

En los años cincuenta, la minería del occidente, con "el oro negro" del carbón, alcanzó una gran dinámica, sobre todo en Cangas, Ibias, Cerredo y Tineo. También dinamizó la zona la térmica, pero el cierre de todo ello, mantenido por las prejubilaciones, han mitigado, en parte, la gran catástrofe de nuestra economía. Se pasó de la minería milenaria de Naraval o Navelgas, con el oro, la barita, el hierro, complementado por el carbón, a tratar de buscar la panacea del "estado de bienestar" con el turismo, a la sombra del Camino de Santiago….y las fiestas de campo con tambor y gaita…y ahora también con una buena sidra. Nuestro Camino de Santiago tiene un tanto abandonado sus monasterios e Iglesias y el resto del turismo. A la vez que hablamos de las rutas de montaña y molinos de agua, cargamos de impuestos a los propietarios, obligándolos al abandono, con lo cual, sus presas secas, antes viveros de alevines de truchas…ahora están cubiertas de bardiales.

El ambiente de las tierras de Tineo y del Suroccidente en general está sumido en una gran preocupación, pero, si nos falla la hucha de Europa, que nos vendió la imagen de "Paraíso", del "bon vivant", dejándonos sin leche, sin huerta y, muy pronto, sin pesca. Sin gentes para hostelería, ni profesionales de asistencia. ¿Quién le va a poner el cascabel al gato?

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