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Tineo, la gran reserva lechera de Asturias ante el reto del relevo generacional

El concejo lidera la producción de leche de vaca pese a la concentración del sector, con menos explotaciones y ganaderos que en 2015

Un profesional del sector en una pradera con una res.

Un profesional del sector en una pradera con una res. / Miki López

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Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Tineo

Tineo mantiene su posición como principal productor de leche de vaca de Asturias, aunque detrás de las cifras se esconde un sector cada vez más concentrado, con menos explotaciones y sometido a la inestabilidad de los precios, la burocracia y el aumento de los costes.

Según los datos del Principado, durante la campaña 2020/2021 un total de 311 productores del concejo entregaron a la industria 109,8 millones de litros de leche. La evolución recogida por la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales muestra, sin embargo, una reducción progresiva del número de ganaderos. En la campaña 2015/2016 todavía había 390 productores.

La producción total se ha mantenido por encima de los cien millones de kilogramos anuales e incluso creció en los últimos periodos analizados. El dato refleja una transformación evidente: desaparecen explotaciones, pero las que continúan aumentan su tamaño y concentran una parte mayor de la producción.

"La única forma de fijar población es que el trabajo dé dinero"

Emilio González, de Ganadería Manolón, en San Pedro, tiene 52 años y representa una trayectoria ligada desde siempre al campo. Heredó la explotación de su abuelo y de su madre y asegura que nunca dudó de su vocación. "Siempre me gustaron la ganadería y la vida en el pueblo. Tenía la ilusión de seguir con ella, aunque ahora avanzamos a duras penas", explica.

En su explotación ordeñan unas 325 vacas y cuentan, además, con recría, repartida entre la propia granja y Zaragoza. En casa mantienen alrededor de un centenar de animales jóvenes. González describe un sector marcado por los altibajos. Después de más de dos años de cierta estabilidad, señala que el precio de la leche "volvió a bajar unos 50 euros por tonelada".

"Fue una puñalada cuando estábamos empezando a levantar la cabeza. Siempre se habla de fijar población y de conseguir que la gente se quede en el campo, pero la única forma de hacerlo es que gane dinero con su trabajo"», sostiene.

A su juicio, el liderazgo productor de Tineo no evita las dificultades. El concejo carece de un tejido industrial amplio y buena parte de sus habitantes dependen directa o indirectamente de la agricultura y la ganadería.

"Aquí, o vives de la ganadería y de la agricultura, o hay pocas alternativas. Antes estaban la mina y Soto de la Barca, pero quien quería buscar otros trabajos tenía que marcharse fuera del concejo o a las ciudades", recuerda.

La continuidad de la producción lechera en Tineo responde, en su opinión, a la existencia de familias ganaderas y a una vocación transmitida durante generaciones. Sin embargo, reconoce que hoy no tomaría con la misma facilidad la decisión de incorporarse.

"El precio es muy fluctuante, hay mucha burocracia y cada vez más exigencias. Todo eso nunca se ve compensado en el precio de la leche", lamenta.

La tecnología como apoyo para sostener las explotaciones

La modernización ha cambiado profundamente el trabajo diario. Emilio González considera que las nuevas tecnologías, especialmente los sistemas automáticos de ordeño, son fundamentales para mejorar las condiciones laborales y mantener actividad en el medio rural.

"Es lo que más ayuda y lo que está sujetando el campo. Sin esa tecnología, mucha gente no se quedaría en la ganadería", afirma. La automatización permite organizar mejor las tareas, reducir parte del esfuerzo físico y ganar tiempo, aunque exige inversiones elevadas. Esa transformación resulta especialmente visible en las explotaciones de mayor tamaño, que funcionan cada vez más como empresas agrícolas y ganaderas profesionalizadas.

Una visión de futuro desde los 29 años

Plácido Mayo, ganadero de Sabadel de Troncedo, representa una generación más joven y una visión más optimista sobre el futuro del sector. Tiene 29 años, estudió Electricidad en Oviedo y decidió regresar al concejo para continuar con la explotación familiar.

"Siempre me gustó volver. Sé lo que es trabajar fuera, a las órdenes de otra persona, y aquí trabajo para mí", explica. Su ganadería cuenta con alrededor de 450 vacas, de las cuales unas 220 están en ordeño. El resto se reparte entre recría y vacas secas. La explotación dispone de cuatro robots, una nave automatizada y un trabajador permanente.

Mayo reconoce que las inversiones han sido importantes, pero asegura que modernizar la granja fue una de las mejores decisiones que pudo tomar. "Se puede vivir bien haciendo las cosas bien y llevando una buena gestión. No es un trabajo tan atado ni tan complicado como muchas veces se presenta", defiende.

Además de producir leche, la explotación trabaja una superficie amplia, cultiva maíz y realiza tareas agrícolas con maquinaria propia, salvo la cosecha. La diversificación y el control de los cultivos ayudan a reforzar la viabilidad del negocio.

Sequía, precios y burocracia

Entre las preocupaciones inmediatas, los ganaderos señalan la necesidad de mantener unos precios estables y los efectos de la sequía sobre las fincas. "No estamos en un mal momento, pero el problema este año es la seca. El campo no produce como otros años y tenemos que adelantar todo lo posible los cultivos", apunta Mayo.

A ello se suma la carga administrativa, uno de los problemas recurrentes denunciados por los profesionales. Pese a estas dificultades, el joven ganadero ve posibilidades de futuro siempre que se incentive la incorporación de nuevas generaciones y se transmita una imagen más realista del sector.

"Es una vocación y tiene que gustarte. Yo lo viví desde pequeño y lo llevo en la sangre, pero también es un negocio como cualquier otro", afirma. Mayo cuestiona la percepción social de que la ganadería impide tener vida personal. Explica que su familia se va de vacaciones todos los años, aunque para conseguirlo fue necesario invertir, automatizar y contratar personal.

"Me gustaría que mucha gente pasara una semana en mi granja para conocer nuestro día a día. Vería que no es tan complicado como parece y que la calidad de vida aquí es muy buena", asegura.

El relevo que no siempre llega

La falta de relevo generacional es uno de los principales riesgos para el futuro ganadero de Tineo. Antes las familias animaban más a sus hijos a continuar y mejorar las explotaciones, mientras que ahora muchos profesionales prefieren que sus descendientes busquen otro camino.

"Me sorprende que tantos ganaderos no quieran este futuro para sus hijos, porque yo no lo veo de esa forma", afirma. A esta potente producció de leche, se suma la de carne. En 2018, el SADEI registró en Tineo un total de 932 explotaciones bovinas. De ellas, 512 estaban orientadas a la producción de carne, 346 a la producción de leche y 74 eran explotaciones mixtas, es decir, combinaban ambas actividades.

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