Festival de San Sebastián
'Un fantasma en la batalla': otra mirada a los infiltrados de ETA

El director y guionista Agustín Díaz Yanes, en el centro, junto a los actores Andrés Gertrudix, Ariadna Gil, Raúl Arévalo, Iraia Elias y Susana Abaitua, este miércoles durante la presentación de la película 'Un fantasma en la batalla' en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. / Javier Etxezarreta / EFE
Nando Salvà
“En Hollywood no han parado de hacer películas sobre Vietnam y, de hecho, ‘El cazador’ (1978) y ‘Apocalypse Now’ (1979) se estrenaron casi a la vez, así que no veo el problema”. Con este dato irrebatible, Agustín Díaz Yanes resta importancia al hecho de que su primer largometraje después de ‘Oro’ (2017), ‘Un fantasma en la batalla’, vea la luz menos de nueve meses después de que ‘La infiltrada’ (2024), de Arantxa Echevarría, triunfara en los últimos premios Goya. La relación que estas dos ficciones mantienen, sin embargo, es mucho más estrecha. No solo coinciden al hablar de la lucha policial contra ETA, sino que ambas toman como inspiración total o parcial a la agente conocida como Arantxa Berradre, que permaneció de incógnito en el seno de la organización terrorista durante ocho años. Dicho esto, son películas muy distintas. Hablan de la misma Historia, pero no cuentan la misma historia.

La actriz Susana Abaitua posa este miércoles durante la presentación de la película 'Un fantasma en la batalla', que compite en la sección oficial del 73 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. / Javier Etxezarreta / EFE
Producida Belén Atienza, Sandra Hermida y Juan Antonio Bayona -el equipo responsable de 'La sociedad de la nieve (2023)-, ‘Un fantasma en la batalla’ se inspira no solo en Berradre -que, como se relataba en ‘La infiltrada’, colaboró en el desmantelamiento del comando Donosti- sino en otros agentes en su día infiltrados para trazar a su protagonista y, a través de ella, recordar a través de ella la operación encubierta contra ETA més transcendental de la lucha antiterrorista: la Operación Santuario, que se prolongó durante 12 años y permitió dar con los zulos que los terroristas tenían escondidos en el País Vasco francés. Asimismo, la nueva película -hoy se ha presentado fuera de concurso en el Festival de San Sebastián-, difiere de esa predecesora tanto por sus métodos narrativos como por sus intenciones dramáticas, psicológicas y hasta filosóficas.

El actor Raúl Arévalo posa en la presentación de 'Un fantasma en la batalla', este miércoles en el festival de San Sebastián. / ANDER GILLENEA / AFP
En primer lugar, lo que más interesa a ‘Un fantasma en la batalla’ sobre su protagonista no es su condición de mujer en un mundo de hombres; prefiere explorar la alienación y el aislamiento a los que se ve abocada, obligada a renunciar a sus seres queridos y cualquier atisbo de normalidad. Mientras la contempla, Díaz Yanes envuelve la película de una atosigante atmósfera de amenaza y sospecha, y la convierte en un preciso mecanismo de creación de tensión. La otra gran baza de la película es su esfuerzo para funcionar no solo a modo de estudio de personaje sino también como panorámica de toda la violencia que el terrorismo de ETA infligió a lo largo del periodo que recrea, combinando para ello la ficción con imágenes de archivo de informativos, manifestaciones y atentados. “Siempre pensé que tenía que hacer una película muy verosímil, pero tratando de que los hechos reales no se comieran la historia. Por supuesto, había que dejar claras las atrocidades cometidas por ETA, pero cuando creas una ficción debes construir unos personajes complejos", matiza Díaz Yanes.
A lo largo de su metraje, en cualquier caso, ‘Un fantasma en la batalla’ intercala fragmentos de noticiarios televisivos que recogen los atentados mortales contra personalidades políticas como Gregorio Ordóñez, Juan Mari Jáuregi, Francisco Tomás y Valiente o Ernest Lluch, el entierro de Fernando Múgica, el rescate de Ortega Lara y clamor popular en respuesta al secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco; y, aunque de forma algo vaga, se hacen alusiones también a la guerra sucia contra ETA. Según Díaz Yanes, esa meticulosidad a la hora de trazar el sangriento recorrido de la banda responde a la necesidad de “repasar la historia para no volver a cometer los mismos errores. El conflicto acabó, pero en la memoria colectiva aún no se ha resuelto”.
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