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Cine fantástico

'El club de la medianoche', la serie de Netflix: flirteando con el más allá

En su nueva serie para Netflix, preestrenada en el Festival de Sitges, Mike Flanagan suma a su característica melancolía un disfrutable juego con los subgéneros y el humor

Una imagen del grupo de ’El club de la medianoche’. NETFLIX

Tras haber explorado historias clásicas de Shirley Jackson y Henry James en, respectivamente, 'La maldición de Hill House' y 'La maldición de Bly Manor', el director Mike Flanagan se acerca en su nueva serie para Netflix a un autor menos canonizado: el prolífico Christopher Pike (seudónimo de Kevin McFadden), firmante de varias decenas de libros de terror para adolescentes y niños, muchos de ellos publicados en España por Ediciones B en los noventa. 

Del brazo de la guionista Leah Fong ('Bly Manor'), Flanagan se ha marcado una adaptación de 'The midnight club', de 1994, desdoblada en homenaje a toda la obra de Pike: invitación a dejarse asustar por su ficción 'pulp'. Es la misma táctica aglutinadora que siguió en 'Bly Manor', que además de ser otra vuelta de tuerca a 'Otra vuelta de tuerca', aludía a otros relatos de James.

La premisa es, a priori, amarga al máximo. A mediados de los noventa, un grupo de jóvenes enfermos terminales, huéspedes del majestuoso hospicio Brightcliffe, suele reunirse a medianoche para contarse historias de terror creadas por ellos mismos y que incluyen, de forma voluntaria o involuntaria, algunas pistas sobre sus personalidades. Cuando Ilonka (Iman Benson) se suma oficialmente al club, es informada de un antiguo pacto: el miembro del grupo que muere ha de hacer lo imposible por enviar señales desde el más allá. Dicho de otro modo: por informar de que hay algo más

Pero Ilonka ha llegado aquí con el plan de sobrevivir, de plantar cara a su cáncer sin solución e investigar si es cierto que ha habido recuperaciones milagrosas en Brightcliffe. Menos esperanzas tiene su compañera de cuarto Anya (inmensa Ruth Codd), a la que amputaron la pierna derecha hasta la rodilla y con ella, al parecer, el último resquicio de buen humor. Ilonka encuentra una mayor conexión (algo incluso cósmico) en el amable Kevin (Igby Rigney), enfermo de leucemia. También hace buenas migas con el 'gamer' Amesh (Sauriyan Sapkota), cuya mayor pena en la vida es saber que no llegará a probar la PlayStation, o Spence (Chris Sumpter), diagnosticado con el VIH. Completan el club la introspectiva Natsuki (Aya Furukawa), la religiosa Sandra (Annarah Cymone) y la mentirosa, o eso creen algunos, Cheri (Adia). 

Tanto Rigney como Cymone pueden resultar familiares para 'flanagáticos' (club con Quentin Tarantino como miembro VIP): ambos aparecían en su anterior serie, 'Misa de medianoche', igual que Zach Gilford, allí protagonista y aquí enfermero de los chicos, o Samantha Sloyan, allí la peor villana y aquí misteriosa naturópata que ronda por el lugar. Más tiempo llevábamos sin ver, dentro o fuera del universo Flanagan, a Heather Langenkamp, la 'final girl' original de 'Pesadilla en Elm Street'. Viendo su sugestiva y carismática encarnación de la Dra. Stanton, que fundó el hospicio tras ver cómo su propio hijo adolescente sucumbía a una enfermedad, es fácil empezar a reflexionar sobre los caprichos hollywoodienses, quién hace carrera y quién no, por qué a veces gente buena lo tiene mal. 

Un humor inesperado

'El club de la medianoche' tiene la melancolía característica de su director (al fin y al cabo, gira en torno a chavales que van a morir), pero la variedad de las historias adaptadas sirve a Flanagan y su equipo de directores para jugar con diversos subgéneros, a veces dentro de un mismo capítulo. Estas historias-dentro-de-las-historias pueden ser exploraciones de los mecanismos del suspense y el terror, como en el divertido segmento en torno a los 'jump scares' (o sustos fáciles). ¿Dónde se había metido este Flanagan gracioso? El mayor misterio de la serie, al menos durante la recta inicial, es saber cómo se las ha ingeniado para enlazar golpes de humor regulares sin que ninguno caiga en saco roto. 'El club de la medianoche' puede ser francamente divertida. 

Dicho esto, cuando llega la hora de dar miedo (esas visiones de ultratumba, al principio tan inexplicables e intensas), el director de 'Oculus' no se corta un pelo. Los espectadores mayores de dieciocho años pueden acercarse sin miedo (o con miedo a pasar miedo). Al final esta no es tanto una serie estrictamente juvenil como una serie universalmente disfrutable con personajes centrales jóvenes: algo así como un cruce oscuro de 'Bajo la misma estrella' con la serie de los noventa 'Are you afraid of the dark?', aquí estrenada como… 'El club de la medianoche'

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