Fenómeno cultural
'Stranger things' se homenajea a sí misma en una temporada final con pocas sorpresas
Los cuatro primeros capítulos estrenados hoy mismo en Netflix saben, sobre todo, a repetición de un camino ya recorrido, a reedición de aventuras conocidas

Finn Wolfhard (Mike) y Millie Bobby Brown (Jane/Once) en la temporada final de 'Stranger things' / Netflix
Juan Manuel Freire
Así es, aunque a sus millones de superfinas les cueste creerlo: 'Stranger things' se acaba, o mejor dicho, empieza a acabarse, dado que Netflix ha querido dividir esta temporada final en tres bloques. Este jueves se han estrenado cuatro de sus ocho capítulos; los tres siguientes nos llegarán el 26 de diciembre, y el episodio final (que no sabemos si llegará a los 150 minutos, como el último de la anterior temporada) lo hará el mismísimo 1 de enero, siempre a las 2.00 de la madrugada. Es decir, quienes tengamos que escribir sobre la serie vamos a tener unas Navidades… extrañas.
El servicio de 'streaming' de Los Gatos no parece temer que las obligaciones familiares vayan a estropear posibles récords de visionados. Esa elección de fechas contrasta con la reservada para la primera temporada, estrenada en mitad del verano de 2016 sin la mayor pompa promocional. Nadie la esperaba con ansia, pero el tributo de los Duffer Brothers a la cultura pop fantástica de los 80 acabó ganándose no solo a los nostálgicos de aquellos días, sino también a 'millennials' y 'zoomers' sin esa conexión vital con el marco referencial. Si hay que hablar de una serie que haya afianzado a Netflix como fuerza cultural global, esa debe ser 'Stranger things', incluso por delante de 'El juego del calamar', 'La casa de papel' o 'The Crown'.
La grieta de Hawkins
Entre los últimos episodios estrenados y los que acaban de llegar han transcurrido casi tres años y medio, un tiempo considerable cuando los héroes de tu serie son presuntamente adolescentes de instituto. Debemos suspender la incredulidad para seguir con calma a Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo) y, sobre todo, Lucas (Caleb McLaughlin: 24 años) en sus nuevas aventuras, que en realidad no son tan nuevas.

La actriz Millie Bobby Brown (Eleven, en la serie), en primer plano, junto a David Harbour (Jim Hopper), en un capítulo de 'Stranger things'. / Netflix
En primer lugar porque estamos ante la continuación de su batalla con Vecna (Jamie Campbell Bower), el monstruo humanoide del que parte la mitología y con cuya derrota todo debería acabar. Al final de los anteriores capítulos, el también conocido como Uno o Henry Creel había logrado abrir un cuarto y definitivo portal entre el ficticio Hawkins y el Mundo del Revés, esa dimensión alternativa oculta en el subsuelo del pueblo. La grieta resultante ha sido maquillada por las autoridades como consecuencia de un terremoto y se ha tapado con unas láminas de metal que algunos usan como tobogán. De algún modo hay que divertirse en un lugar sin esperanza desde que se impuso la cuarentena militar.
Pero, antes de volver al Hawkins de 1987, estamos en el de 1983, de nuevo acompañando a un pequeño Will (Noah Schnapp) en su reclusión en el Mundo del Revés. No es mucho 'spoiler' señalar (ya se avanzaron estos minutos en YouTube) que en aquellos días recibió visita de Vecna, quien lo eligió como soldado pionero en su proyecto de dominación. En esta temporada conocemos en detalle el plan definitivo del monstruo, que se basa en parte en lo que parecen inquietantes procesos de 'grooming' o engaño pederasta: miedo real colándose en la fantasía.
Aventuras más que familiares
Si antes era una colección de homenajes (sobre todo, a Stephen King, John Carpenter y 'E.T. el extraterrestre'), ahora, cerca de su fin, 'Stranger things' se homenajea claramente a sí misma. El misterio de los primeros capítulos es una reedición de la desaparición de Will Myers; suenan 'Upside down', de Diana Ross (con ese título tenía que pasar), o 'I think we're alone now', de Tiffany, pero la canción más importante vuelve a ser 'Running up that hill', de Kate Bush, a quien quizá volvamos a ver correr listas arriba; sin nuevas criaturas a la vista, queda el reencuentro con una efectiva especie ya bien conocida; se plantea la posibilidad de un sacrificio que resulta familiar.

Póster de la quinta temporada de 'Stranger Things' / NETFLIX
A falta del fallecido Dr. Brenner (Matthew Modine), los Duffer no se devanan mucho los sesos e incluyen a una nueva antagonista que cumple sus mismas funciones, que trabaja en otro laboratorio secreto y que está interpretado también por un icono de los 80: Linda Hamilton, antigua Sarah Connor de 'Terminator', saga a la que, de hecho, ya se había rendido homenaje en la anterior temporada a través de la figura del matón de la KGB Grigori (Andrey Ivchenko), también apodado Arnold Schwarzenegger en la serie, por si la referencia no era del todo clara. También la reaparición casi final de cierto personaje casi olvidado señala el afán de los Duffer por hacer de esta temporada una (auto)celebración antes que una caja de sorpresas o algo con cualquier componente de revelación.
La acción se sitúa, esencialmente, entre el Mundo del Revés, donde Once (Millie Bobby Brown) acaba ayudando a su padre adoptivo Hopper (David Harbour) en una misión de reconocimiento que no sale tan bien como se esperaba, y la resquebrajada superficie de Hawkins, donde el resto de la pandilla juvenil busca el modo de rescatar a una niña y evitar que se produzca otro secuestro. Pero el plano de (ir)realidad donde sucede lo más interesante e inquietante es la prisión mental de Vecna, donde no llegamos hasta el final del tercer episodio (con la firma de Frank 'Cadena perpetua' Darabont) y donde se pasa demasiado poco tiempo de un cuarto capítulo más entregado a la caótica acción militar.
Los mensajes y emociones
La serie se mantiene fiel a sí misma hasta las últimas consecuencias. También en unos mensajes que, admitámoslo, siguen funcionando, como el constante recordatorio de que la unión hace la fuerza o la firme creencia de que ser diferente, el inadaptado, el rarito, el mejor narrador de juegos de rol, es una ventaja. Aquí, uno de los héroes clave es quien nadie espera, un joven flautista de Hamelín con no poco talento como gurú de meditación.
También efectivo a nivel emocional es el viaje de descubrimiento de Will, quien comparte dudas sobre identidad 'queer' y amor con Robin (Maya Hawke), todavía la persona más guay de Hawkins, pinchadiscos de la emisora local y conocedora de referencias cinematográficas que van más allá de los 80: véase cómo resuelve una crisis echando mano de 'La gran evasión'. El inevitable 'spin-off' de 'Stranger things' debería ser una enésima 'Alta fidelidad' con Robin como protagonista. Pero no hablemos de posibles secuelas cuando esto aún no ha terminado en realidad: volveremos sobre esta temporada en Navidad.
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