Tenis de mesa
El martirio invisible de Álvaro Robles: "Mi mujer ha renunciado a todo por mí"
El jugador español de tenis de mesa, tras quedar eliminado en el torneo individual y hacer historia al llegar a cuartos en dobles, relata cómo el deporte ha condicionado la vida de los suyos

Álvaro Robles, en su partido contra el brasileño Hugo Calderano. / Europa Press
Apenas hay un par de periodistas esperando a Álvaro Robles tras acabar su participación en los Juegos Olímpicos. Su historia es de las que pasan inadvertidas, por mucho que la Princesa Sofía y la Infanta Leonor aguardaran en una sala del pabellón para hacerse una foto con él y darle ánimos tras perder en la segunda ronda contra el brasileño Hugo Calderano, uno de los favoritos a medalla. Pero Álvaro, después de atender a la realeza, volvió sobre sus pasos para atender a quien aquí escribe. Sabe que, en un par de días, su nombre quedará otra vez oculto en la bruma mediática. Como si, de repente, dejara de existir. En España, pocos entienden que el tenis de mesa pueda ser una profesión. Imaginen quien se dedica a ello. Imaginen sus problemas, los de la gente corriente.
"Siento la tristeza de haber terminado. Pero todo lo que entrené, todo lo que trabajé, salió en estos Juegos. No tengo más...". Antes, el pasado domingo, ya había sido eliminado en la categoría de parejas tras alcanzar los cuartos de final junto a María Xiao, el mejor resultado de siempre para España. Qué más da. Tras el momentáneo resplandor, la realidad.

Álvaro Robles junto a la Princesa Leonor y la Infanta Sofía en Puerta de Versalles. / Casa de S. M. El Rey
Álvaro, nacido en el mismo barrio de Huelva que la campeona de bádminton Carolina Marín, tuvo que emigrar a Alemania para ganarse la vida en el tenis de mesa. Y descubrió que la conciliación familiar iba a ser imposible. Al principio intentó llevar una relación a distancia con su mujer, Ana. Tuvieron una hija, Valeria. Pero aquello era insostenible, así que los tres se fueron hacia Ochsenhausen, un pequeño pueblo entre Stuttgart y Múnich. Allí nació su segundo hijo, todavía un bebé de 11 meses, que estos días se ha quedado en Madrid con su tía. "Ha sido muy difícil. Yo viajo muchísimo, y Ana ha estado mucho tiempo sola en Alemania con los dos niños. Ha dado todo para que yo pueda llegar a cumplir mis sueños. Y ella ha renunciado a los suyos. Sí. Ana lo dado todo. Por eso, ahora nos volvemos a España, a Granada. Se lo debo".
Ana tenía una tienda de ropa en Madrid. Estudió patronaje y moda. Pero decidió acompañar a Álvaro para que fuera él quien siguiera adelante con sus aspiraciones.
"En la vida de un deportista, a veces es ahora o nunca. Tienes que aprovechar el momento. Pero es muy egoísta"... Y Álvaro suspira antes de continuar con su historia.

Álvaro Robles celebra un punto en su partido contra el brasileño Hugo Calderano. / Europa Press
"Valeria, que está a punto de cumplir tres años, ha estado yendo a la guardería en Alemania. Es increíble lo que ha absorbido, lo que ha aprendido. Es muy pequeña, pero juega en alemán. Pero esto es un sacrificio muy alto... Lo paso mal siempre que me voy. Hemos llegado al punto de que yo termino un torneo, acabo de jugar, y no quiero estar un segundo más en ese sitio si no está mi familia allí. Me largo. Me voy rápido. Es difícil porque a veces no disfrutas lo bueno que te da esto. Las echo de menos desde que me voy. Mi hija, cuando me ve con la maleta... [Álvaro respira hondo, y continúa]. Es difícil".
"Yo tengo 33 años. Quizá me quedan quizá 10 más. Si llegas a un nivel como el mío, se puede vivir. Recoges frutos, pero pagas un precio muy alto en otras muchas cosas. Siempre he envidiado a la persona que puede tener un sueldo y vivir en su propia casa, en su ciudad. Yo soy un emigrante continuo. Me encantaría poder trabajar y vivir con mi sueldo, pero tengo que seguir viajando".
Ana y Valeria estaban en la grada animando a quien perdió. Aquí, en los Juegos, los triunfos no tienen por qué ser deportivos. Mercedes, la madre de Álvaro, no paraba quieta en la silla. Su padre, Guillermo, se ayudaba de su teléfono móvil para capturar las emociones de su hijos. También estaban su hermana y su cuñado, Lara e Ismael. Sólo querían ver feliz a alguien a quien apenas ven.
"Ahora tengo que hacer la mudanza de Alemania a Granada. Luego me voy tres semanas porque tengo que jugar la liga de la India. Esto no para. Es un sacrificio muy alto".
Y Álvaro Robles vuelve a meterse dentro del pabellón, con su historia invisible a cuestas.
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