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Opinión | Líneas críticas

francisco palacios

La maldita guerra de España

e a confinado en Santa Elena, Napoleón Bonaparte reconocía que la guerra de España «-la maldita guerra de España-» había sido la causa primera de las desgracias de la Francia imperial. Y que a él mismo le había causado un gran desprestigio en Europa. A un desprestigio que sin duda contribuyó también Asturias, considerada «la más importante de las provincias insurgentes». Un miembro de la Cámara de los Comunes británica manifestó que los asturianos habían desplegado un esfuerzo magnánimo y digno de toda alabanza en su lucha contra la usurpación francesa: «Jamás hubo cosa tan valiente, tan generosa, tan noble como la conducta de los asturianos en la guerra de la Independencia».

En lo que se refiere a esta comarca, en 1810 llegaba la noticia de que se acercaban a Langreo tropas francesas procedentes de Pola de Laviana. Para la mayoría de los campesinos la noticia significaba una grave amenaza que ponía en peligro sus vidas y haciendas. En cambio, los hidalgos, que tenían sus casas solariegas en Ciaño y Riaño, donde vivían temporalmente o de forma estable, aconsejaban calma, prudencia. Querían evitar desórdenes que pudieran acarrear trágicas represalias. La casi totalidad de las tierras y campos de Langreo pertenecían entonces a esa pequeña nobleza, heredera de aquellos justicieros infanzones medievales que se enfrentaron al rey Alfonso VI, porque este monarca había concedido el concejo langreano al obispado de Oviedo.

Algunos de los apellidos más conocidos de esos hidalgos, con ramificaciones en otros municipios de la región, son los Bernaldo de Quirós, Buelga, Solís, García-Riaño, García-Jove, Sorbías, García Argüelles, Fernández-Miranda?

En cualquier caso, para decidir lo que debía hacerse en tan graves circunstancias, se celebró una reunión de «todo el concejo», que duró una noche entera. Las autoridades municipales, que no contaban con fuerzas propias para organizar la defensa del concejo contra los soldados de Napoleón, decidieron que lo más pertinente era realizar una resistencia pasiva en el valle y una resistencia armada en las montañas.

A través de correos secretos, llegaron consignas precisas a los «señores» de las parroquias langreanas. Se les instaba a que facilitaran a los campesinos todos los medios de que dispusieran: suministros, armas, herramientas... Algunos de los más jóvenes prepararon la resistencia con los aperos agrícolas y se emboscaron en el espeso arbolado de la Vega de Turiellos (hoy La Felguera). Otros grupos se refugiaron en las montañas, llevándose armas de fuego y sables que se guardaban en la Casa de Armas de los Quirós.

En tan comprometidas circunstancias, surgió un líder casi providencialmente , nunca mejor dicho, Manuel Esteban González de Laguna, natural de Riaño y párroco de Turiellos. Manuel se puso al frente de todos los grupos concentrados en la vega langreana y organizó la resistencia contra las tropas francesas: su primer objetivo era impedir que los franceses cruzaran el río Nalón.

Debido al prestigio adquirido «por su valeroso y patriótico» comportamiento en defensa de Langreo, que entonces abarcaba el vecino municipio de San Martín del Rey Aurelio, Manuel de Turriellos, como así se le apodó, fue nombrado vocal de la Junta Superior de Armamento y de Defensa del Principado que se instaló en Luarca entre marzo de 1810 y agosto de 1811.

Según parece, los episodios más sangrientos de la guerra tuvieron lugar en La Oscura, Sama y El Puente, donde «los huesos de muchos franceses quedaron entre nosotros para siempre», según José Álvarez Valdés.

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