01 de julio de 2009
01.07.2009
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Julio, terrible julio

n Un mes de importantes decisiones políticas cuando no se quiere que hagan demasiado ruido

01.07.2009 | 02:00
Julio, terrible julio

Sin duda ya se habrá usted dado sobrada cuenta de ello, pero el mes de julio, por el que empezamos a transitar, suele tener cuatro características: la primera, que el clima y el cansancio favorecen la irritabilidad de las gentes; la segunda, que los dirigentes políticos aprovechan para realizar sus viajes «de Estado», sus universidades de verano y sus «campus» y para poner tierra por medio; la tercera, que siempre pensamos que julio es mes prevacacional y en el que nunca pasa nada; la cuarta, que, para desmentir la afirmación anterior, en julio siempre pasa algo gordo.


Cuentan que al viejo zorro McMillan, entrevistado por un joven periodista que se asombraba de sus muchas vivencias, le preguntaron cuál había sido el momento más angustioso de su carrera política: «los acontecimientos, amigo, los acontecimientos», se limitó a responder. Para él, no había nada más angustioso que los acontecimientos, se produjesen cuando se produjesen, y algunos de ellos los provocaba él mismo.


Pues eso: que me da la impresión de que julio es mes tradicional de acontecimientos. Por algo será -acaso porque nos pilla a todos desprevenidos- que julio es mes de remodelaciones ministeriales (descártelo en este caso), de subidas de impuestos (tómelo en consideración), de designación de sucesores (no toca, creo). Y de otras importantes decisiones políticas cuando no se quiere que hagan demasiado ruido: por ejemplo, cesar al jefe de los servicios secretos o al tesorero de tal o cual partido.


Acaso cuente también el hecho de que los temas, tras el curso político, llegan ya al calor juliano lo suficientemente podridos. Y no me negará usted que tanto lo de los espías como lo del tesorero huelen a podredumbre que se matan, así que...

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