De todo lo que he leído estos días sobre el acto bochornoso que se hizo en la Universidad Complutense en defensa del juez Garzón, y la impresentable intervención del que fuera fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo -que algunos han calificado de prevaricación intelectual- me quedo con una tesis que ha comentado el periodista Santiago González.

Recordaba que Villarejo -que acusó a los magistrados del Supremo de ponerse en manos de Falange, en manos de los corruptos y de haber sido cómplices de las torturas del franquismo hasta el último día- tiene su propia historia, aunque para lo suyo parece fallarle la memoria histórica que tanto reivindica. Sólo recordar que ingresó en la carrera fiscal en 1962 justo a tiempo para denunciar las torturas y la defenestración de Julián Grimau, justo a tiempo de alzar su voz contra la condena y el asesinato a garrote vil de los anarquistas Joaquín Delgado Martínez y Francisco Granados Mata -detenidos el 1 de agosto de 1963 y ejecutados el 17 por un atentado que no cometieron.

Él ya estaba ejerciendo entonces, pero no dijo nada, y su estruendoso silencio de entonces nadie puede entenderlo como una aceptación de lo que ocurría en una dictadura brutal y cruel que tenía aterrorizados a los ciudadanos, intentando paralizarles por el miedo. Quienes no ejercían todavía son los magistrados del Supremo a los que acusa de torturadores ¡qué paradoja!

Tampoco Villarejo dijo nada cuando el terrible Tribunal de Orden Público sentó en el banquillo a la dirección de CC OO, condenada a 20 años de cárcel, y lo curioso es que los herederos de estos sindicalistas como Toxo no repararan en este pequeño detalle cuando se rompía las manos de aplaudir el otro día en el acto de la Universidad. ¡Curiosa memoria la de algunos! que padecen de Alzheimer si se trata de olvidar su propia biografía y entran a placer en la de otros cuando lo que hacen o dicen no conviene a sus intereses.

El fiscal, además de lo suyo, también ha querido pasar página de algo esencial en su profesión como es saber los límites de la competencia de un juez por poderoso que sea y que ni siquiera su defendido Garzón puede ignorar las leyes para conseguir sus objetivos. Incluso en la desmesura ha olvidado que su hermano de sangre, el padre de la actual ministra de Sanidad, fue también miembro del Tribunal Supremo que ahora él quiere ensuciar y echar al barro. Lo dicho ¡curiosa desmemoria!