10 de mayo de 2010
10.05.2010

El Rey, en la «cumbre» iberoamericana

El papel central de don Juan Carlos de Borbón en las relaciones con América Latina

10.05.2010 | 02:00
El Rey, en la «cumbre» iberoamericana

Me dicen que el Rey estará presente, si no surgen complicaciones en su salud, en la «cumbre» UE-América Latina, que tendrá lugar en Madrid en la próxima semana, del 17 al 19 de este mes. Si así fuese, será una buena noticia: don Juan Carlos, por posición institucional, pero, más aún, por méritos personales y por razones también coyunturales, es la cabeza, ni reconocida oficialmente ni constitucionalmente instaurada, pero sí de hecho y casi de derecho, de una especie de comunidad de intereses económicos y culturales llamada Iberoamérica. Los distintos gobiernos españoles, contra viento y marea, se esfuerzan en mantener en pie esa comunidad, en la que a veces se olvida el hecho de que América Latina no es una, sino una pluralidad diversa, muy diversa, que incluye desde la «europeizada» Chile hasta la realidad bolivariana. Y, guste o no a algunos, el Monarca español es hoy el único referente común de esa comunidad iberoamericana.

Sospecho que ésta es una más de las facetas clave en el papel que representa Juan Carlos de Borbón. Cierto es que el Príncipe, gracias a una elemental visión de Estado, fue convertido en el encargado de representar a España en las tomas de posesión de los nuevos presidentes de las repúblicas latinoamericanas, pero esta es una inversión de futuro; de momento, el Rey es quien encarna la visión tradicional, y moderna, de España en América. Es una más, ya digo, de las facetas que le toca representar al jefe del Estado español. Cuyo papel institucional, externo e interno, sigue teniendo una crucial importancia.

La diplomacia española ha puesto unas esperanzas muy especiales en esta «cumbre» UE-Iberoamérica. Es el momento culminante de la Presidencia española de la UE, que ha quedado bastante deslucida por diversos motivos, desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa hasta la crisis total de la economía griega y sus consecuencias en los restantes miembros de a Unión. Que el Rey encabece esta reunión, a la que asistirán los jefes de Estado latinoamericanos -no todos, desde luego, ni los más significativos de las posiciones más «duras»-, es importante: Zapatero no encarna todas las «sensibilidades» latinoamericanas, y el Rey, al fin y al cabo, ha sabido remontar incluso hasta los efectos de aquel «¿por qué no te callas?» lanzado a la cara de Hugo Chávez en la «cumbre» latinoamericana de Santiago de Chile, y hoy mantiene excelentes relaciones personales con todos los mandatarios del subcontinente.

Personalmente, me alegra mucho la recuperación del Rey de la súbita y no del todo bien explicada operación quirúrgica que sufrió este sábado. Juan Carlos de Borbón -lo digo, lo confieso, desde mis planteamientos monárquicos- sigue haciéndonos mucha falta a los españoles. Lo que no quiere decir que no haya que empezar a pensar en el futuro, acaso pasando, incluso, en su día, por una oportuna abdicación, para la que, sin embargo, me parece que no ha llegado el momento, digan lo que digan los rumorólogos y los conspiracionistas de la Villa y Corte.

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