14 de mayo de 2010
14.05.2010
 
Inventario de perplejidades

El gobierno del veinte por ciento

El gran peso de las autonomías en el control del gasto público

14.05.2010 | 02:00
El gobierno del veinte por ciento

Estaba tomando el café con leche (y tres churros) de la mañana en el bar de siempre cuando el presidente del Gobierno compareció en el televisor del local para anunciar las medidas económicas que le han impuesto la Unión Europea, el FMI, y el presidente Obama. Normalmente, a esa hora, la audiencia (obreros de la construcción, jubilados, amas de casa que hacen tertulia después de dejar a los niños en el colegio) permanece indiferente a los mensajes televisivos, que suelen centrarse en cotilleos amorosos, sucesos desagradables e interminables partidos de tenis. Pero, ayer, todos volvieron la cabeza hacia el aparato emisor y prestaron atención a lo que se decía.

Al presidente se le percibía incómodo y nervioso y en algún momento pareció que le costaba tragar saliva. Hizo una breve y muy vaga introducción sobre la necesidad de hacer un «gran esfuerzo nacional» para salvar la crisis y acto seguido anunció una batería de recortes sociales que contradicen todo el programa de gobierno que ha venido defendiendo durante estos últimos años. Un programa socialdemócrata muy moderado, pese a que la oposición y medios afines lo califican de izquierdismo peligroso.

En síntesis, lo que vino a decir Zapatero es que a todos los que estábamos en el bar nos van a subir los precios, bajar los sueldos y congelar el poder adquisitivo de las pensiones. O en otras palabras, la habitual trasferencia de rentas desde las clases populares a los capitalistas para salvar la crisis financiera que han provocado precisamente los capitalistas. No nos vamos a sorprender de eso. Desde que se inició el proceso democrático en España, cada vez que se produce un agobio financiero se ponen en marcha las mismas medidas de rescate del capital y de su tasa de beneficio a costa de las rentas del trabajo.

El primer «gran esfuerzo nacional» se dio con los famosos Pactos de la Moncloa, gobernando Adolfo Suárez, pero después hubo otros «esfuerzos nacionales» parecidos, tanto con gobiernos de derechas como socialdemócratas. Y todos consisten sustancialmente en lo mismo: congelación de sueldos a los funcionarios, pérdida de poder adquisitivo de las pensiones y recorte de la inversión pública en bienes sociales.

De momento, el sistema de control de la masa consumidora funciona bastante bien y no estalló ningún motín que no se pueda reducir con una carga policial. Pero, estamos rozando el peligro. Habitualmente, cuando la crisis aprieta y hay que aliviar tensiones, se da paso a un gobierno socialdemócrata, para que las clases populares se hagan la ilusión de que están gobernando los suyos y que peor les iría si gobernaran los otros. Y cuando se recupera la senda de la prosperidad pasa a gobernar la derecha para que corten el cupón a sus anchas banqueros, financieros, empresarios y otras minorías privilegiadas, amén de esa clase media que cree haber llegado al paraíso, a crédito y en cómodos plazos.

Para los perjudicados del bar, aparte de la tribulación de Zapatero, fue perceptible la satisfacción de Rajoy por que el Gobierno haya tenido que acordar los recortes sociales que él hubiera tenido que aceptar en la misma situación, ya que el obsoleto modelo productivo español es tan responsabilidad de su partido como del que tiene enfrente. Lo más preocupante vino al final, cuando Zapatero reconoció que como el gobierno sólo controla el 20% del gasto público, siendo el resto responsabilidad de las comunidades autónomas y de los municipios, ha tenido que tomar las medidas de recorte social sobre lo único que tiene a mano. Un 20% de país es muy poco para gobernar con eficacia.

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