19 de mayo de 2010
19.05.2010
Soserías

El alemán en coma

El caso de una joven croata que se despertó de la enfermedad hablando otro idioma

19.05.2010 | 02:00
El alemán en coma

Las injusticias no conocen la medida en esta sociedad de nuestros dolores, y muestras se nos ofrecen todos los días. Pero su máxima expresión la acabo de leer en una noticia de agencia difundida por Yahoo: una muchacha croata sufre un accidente y queda en coma varios días. Se desata la lógica consternación entre sus familiares, la inquietud crece y crece porque la joven no mejora, los médicos esparcen pronósticos sombríos, parece que el temido final se acerca... Hay en la habitación del hospital un olor a luto, se hacen plegarias, se leen en voz alta las poesías tristes de un poeta español que había ganado el premio «Cervantes», y todo es, en fin, un revuelo de duelo, el haldear angustioso de las mujeres. Flota en el ambiente terso y perfumado por las medicinas un mensaje de silencios y misterios.

Cuando, de pronto, la enferma empieza a moverse, después, a agitarse en la cama, los ojos muy abiertos, se destapa, se incorpora, esboza una sonrisa que es fruición de fruta y desde el cielo parece llegar un hosanna que suena a pura bendición celestial entre los parientes ateridos de fríos y de sorpresas.

La niña vive, la niña habla..., pero ¿qué habla la niña? Siempre se expresó en croata pero ahora no se la entiende, ¿será serbio? ¿o serbocroata? Mejor es no meterse en averiguaciones lingüísticas, porque éstas son conflictivas en la región. Hasta que a la niña se le ofrece una galleta mojada en un vino dulce pensado para recibir a los resucitados que vienen de los resplandores del más allá, y entonces es cuando se oye de manera diáfana un «danke». El estupor es enorme: ha dicho «gracias», y lo ha dicho en alemán. Así lo confirma un tío por parte de madre que había luchado contra los nazis y acabó de prisionero en un campo de concentración.

Expresar el agradecimiento en alemán resultaba extraño, pero fue explicado por el hecho de que la niña estaba aprendiendo ese idioma, sabía, ciertamente, muy poco, pues llevaba apenas un mes de clases, pero el «danke» es probable que ya se lo hubieran enseñado. Lo curioso -según el redactor de Yahoo- es que, a partir de ahí, la niña siguió hablando alemán con la misma desenvoltura que emplea la señora Merkel cuando se dirige al Parlamento de su país para explicar las intimidades de sus decisiones de gobierno. O cuando Hanna Arendt se dirigía a Heidegger para discutir sobre el asunto de su tesis doctoral después de haber abordado otras intimidades.

Éste es el hecho portentoso que ahora intentan explicar los logopedas, lingüistas, fonéticos y sintácticos que existen por Croacia sin que de momento hayan llegado a una explicación plausible.

Espero que, cuando la encuentren, nos hagan llegar por Yahoo sus conclusiones. Porque se comprenderá la irritación que produce a este humilde plumilla -y a cualquier español aprendiz de ese idioma endiablado- el hecho de que se pueda aprender alemán estando en coma. ¡Las horas de desconcierto que he vivido declinando, conjugando, maldiciendo...! Persiguiendo los prefijos y sufijos, las terminaciones de los verbos que se ponen al final de las frases y a las que se llega exhausto, sin aliento, sin saber si lo que vamos a encontrar es una cosa o la contraria.

Cuenta la mujer de Gregorio Martínez Sierra, María Lejárraga, en sus memorias, además de que era ella la autora de lo que firmaba su marido, que no entiende los crucigramas, pues no hay mejor pasatiempo que intentar construir una frase en alemán. Con lo lista que era esta señora, ¿qué hubiera dicho ante el fenómeno de la joven croata?

Por mi parte, hubiera cambiado unos días en coma o en cualquier otro signo ortográfico por las noches en vela intentando hacer malabares con la interminable lista de verbos irregulares: backen, buk, gebacken; befehlen, befahl, bef ohlen... ¡He andado tan a tientas con el dativo, tirano y caprichoso como un dios descarriado!

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