20 de mayo de 2010
20.05.2010

¿Quién es Camps?

La actitud del PP ante el presidente valenciano

20.05.2010 | 02:00
¿Quién es Camps?

Entre las razones para atajar la corrupción, la indolencia de la cúpula de un partido frente a ese hábito puede catapultar la cotización popular de políticos que serían anodinos sin la publicidad añadida que les reporta un escándalo. Dado que los argumentos éticos no persuadirán al PP de prejubilar a Francisco Camps, alguna dosis de pragmatismo puede lubricar la llegada del desenlace ineluctable para el amigo del alma de El Bigotes en la Generalitat valenciana. Los conservadores deberían confiar en la avidez por devorar gobernantes de la opinión pública. Al día siguiente de su eliminación, el muy honorable pasaría a llamarse quién es Camps.

Por voluntad del Supremo, Camps será el primer presidente autonómico que llegará al banquillo en coche oficial, además de impecablemente vestido. La sentencia marca la frontera en que los votos perdidos personalmente por el presidente valenciano superan a los que reporta individualmente su genio político. Ante el vértigo que asalta a Rajoy cuando ha de tomar una decisión o subir en helicóptero, debe recordar que también él surge de la digitación de un líder insustituible, lo cual no ha obstaculizado su doble derrota electoral. Con el valor de un engorroso precedente, el PP es el único partido del mundo que convirtió en una estrella mediática a su enriquecido tesorero, al que las cámaras perseguían por las calles con más insistencia que a Belén Esteban. ¿Quién es hoy Luis Bárcenas? He tenido que consultar su nombre antes de escribirlo.

Camps confunde su persona con su cargo, una secuela disculpable de la borrachera del poder. Sin embargo, una organización política no puede permitirse la compasión. Según el CIS, la mayoría de españoles no sólo piensa que el PP es un partido muy corrupto -factor que puede mejorar sus expectativas electorales-, sino que, además, está cicatrizado por divisiones internas. El votante de derechas no tolera la desunión, que delata falta de autoridad, y el opositor más hostil se amansa ante la partícula ex. En cuanto la ve junto a un cargo, pasa página.

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