22 de mayo de 2010
22.05.2010
 

«Déjame que te diga otra cosa, tía»

n Afinando el oído, en cada bar y en cada restaurante se puede recibir una sabrosa lección de sociología

22.05.2010 | 02:00
«Déjame que te diga otra cosa, tía»

Palma de Mallorca. Jueves, 13 de mayo, 22.30 horas, restaurante Piccola Italia. En la mesa de al lado (como pudiera haberle ocurrido a Juan José Millás), ocupada por dos jovencitas, se produce una conversación (un monólogo, mejor dicho) que atrae irresistiblemente mi atención. Mientras doy cuenta de una ensalada escucho a una de ellas un comentario raro y de algún modo inquietante, como un mensaje en clave de la España sociológica gaitera y tamboritera, y afino el oído:


- A mí me pone supernerviosa mirar por un cristal lleno de manchas, tía?


-...


-Porque a mí un novio no me da órdenes, Esmeralda. ¡No me las dio nunca mi padre, como para que me las dé ahora un pringao cualquiera?!


-?


-Y lo que peor llevo yo es la mala educación, tía?


-?


-No les doy explicaciones a mis padres desde que tengo 16 años, ¿y se las tengo que dar yo ahora a un tío de la calle, Esmeralda, tía??


-?


-¡Hay mucho cabrón suelto, lo sabes tú tan bien como yo, Esmeralda?!


-?


-Echo de menos vivir sola, tía?


-?


-Porque, vamos a ver: yo hago lo que me da la gana y con quien me da la gana, ¿vale?


-?


-Yo es que lo que no acabo de entender es tener que aguantar a un pipiolo, Esmeralda.


-?


-Y yo le dije: «No te aguanto más, ya soy mayorcita». Y si quiere aceptarlo, que lo acepte, y si no quiere, que no lo acepte, y aire, tía?


-?


-Si yo le digo a mi padre que no me pongo un vestido simplemente porque un tío me ha prohibido que me lo ponga, mi padre me da una hostia, Esmeralda, tía?


-?


-Me dice el tío que no salga a la calle en minifalda, y va mi padre y le dice a él: mi hija está contigo y te quiere; ella sabrá por qué, pero, ojito al parche: ella se pone lo que le dé la gana. Y el tío, acojonado, le cuenta a mi padre: es que cuando se pone minifalda me pongo muy celoso y lo paso muy mal?, dice el tío, figúrate, Esmeralda.


-?


-Es que es muy fuerte, tía. Este tío tiene una inseguridad manifiesta. En primer lugar está lo cognitivo? Se apoya mucho en mí psicológicamente, Esmeralda.


-?


-Escúchame un momento, tía. Hablo de la dependencia emocional. En la época de Franco la mujer era diferente a la de ahora, tía.


-?


Terminé de cenar, pero en la mesa de aquellas dos hermosas niñas pijas la cosa iba para largo. Pagué la cuenta, recogí las notas que había tomado disimuladamente y ahuequé el ala con algo de pesar, por tener que desconectarme del revelador empirismo sociológico (y «cognitivo») que salía por un tubo de aquel rincón del comedor:


-Y déjame que te diga otra cosa, tía? -Seguía diciendo detrás de mi la voz solista, sin que la tal Esmeralda pudiera meter baza.

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