29 de mayo de 2010
29.05.2010
 

Un voto y el patíbulo

n El principio del fin de Zapatero

29.05.2010 | 02:00
Un voto y el patíbulo

Un solo voto ha servido para que España no se haya desayunado con la convocatoria anticipada de elecciones. Sólo un voto ha sido suficiente para impedir que el presidente del Gobierno saliera de su situación agónica y se pusiera en manos de los ciudadanos. Más que una victoria pírrica, lo ocurrido en el Congreso de los Diputados para sacar adelante «el tijeretazo» ha sido el anuncio del principio del fin de ZP. Zapatero es un enfermo en estado terminal al que CiU le ha dado una última oportunidad con fecha de caducidad, pero al que ha sentenciado a muerte. Al presidente ya no le quedan apoyos fuera de su grupo parlamentario, salvo unos pocos «palmeros» que para él resultan insignificantes e insuficientes para sacar adelante cualquier proyecto. Si las cosas no cambian, sus aliados del PNV y CiU no le van a salvar la cara en los próximos presupuestos y si es así en primavera como muy tarde tendremos que acudir a las urnas.


Mientras todos le llevaban al patíbulo, Zapatero guardó silencio, un estruendoso silencio propio del converso que, una vez desenmascarado y cuando ha renunciado a sus principios -hasta ahora intocables- ya no tiene por qué seguir escondiéndose y ni siquiera tiene fuerzas para maquillar un poco la dura realidad y enfrentarse a sus verdugos. No sólo tuvo que asistir con la mirada perdida y la cara desencajada a la sentencia de los ajenos, sino también al rubor de los propios, que se han quedado sin argumentos y sin discurso. El «si» al tijeretazo ha sido un clamoroso «no» a toda la política de estos últimos seis años. Zapatero se ha hecho una moción de censura a sí mismo y la ha ganado por mayoría absoluta. Ha robado el discurso y adelantado por la derecha los postulados de la propia derecha y ha decepcionado y dejado tirados en la cuneta a los más vulnerables: los pensionistas.


En medio de tal desconcierto se ha extendido, como la pólvora, una enorme sensación de orfandad en las filas socialistas, donde ya se habla abiertamente de buscar un sucesor, un recambio, un delfín, un líder que no tenga los pies de barro y, sobre todo, un hombre que esté a la altura de las circunstancias y del momento político. No hay conciliábulo madrileño donde no se hagan apuestas sobre quién podría liderar el destino del partido del puño y la rosa y donde no se dé a ZP por amortizado.


Hasta los sindicalistas de la UGT entran abiertamente al trapo de la sucesión, culpando ahora a su compañero de León de todos los males del universo y lanzándole a la cara el trapo de la huelga general. Ante tanta soledad y desafección, parece que al presidente sólo le queda el apoyo de un «tipo listo», y hasta éso es una paradoja. Según nos han contado, el hombre de confianza, el paño de lágrimas, el hombro en el que reposar y el amigo al que recurrió el Presidente para que actuara de intermediario entre él y la malvada oposición ha sido Emilio Botín, que llamó horas antes del lance parlamentario a Mariano Rajoy para que reconsideraran su voto en contra. ¡Qué paradoja!, que el rico más rico, el paradigma del capitalismo salvaje, el hombre al que Zapatero piensa freír con un nuevo impuesto -si es que al final lo hace- sea el que haya intentado sacarle las castañas del fuego. Es el mundo al revés o simplemente el irresistible encanto del dinero ¡quién sabe lo que en dinero contante y sonante costará la frustrada gestión!

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