31 de mayo de 2010
31.05.2010

La credibilidad perdida de ZP

El debate del déficit ha sido el Waterloo del actual presidente del Gobierno

31.05.2010 | 02:00
La credibilidad perdida de ZP

Hoy Rajoy abre políticamente la semana y su agenda con el habitual Comité de Dirección popular de los lunes, con el «caso Camps» como recurrente quebradero de cabeza, una vez más. Mejor les iría si pudieran centrar todos sus esfuerzos en alumbrar y aventar iniciativas como «el antipensionazo» que el viernes enviaron al Congreso para intentar «descongelar» las pensiones, o la «congelación» de sueldos de los políticos, propuestas así, razonables, factibles, y que tanto necesita el PP y asegurarse así que los ciudadanos le vean como una alternativa de Gobierno en las urnas además de en las encuestas.

Como una alternativa de Gobierno en general, aclaro, no sólo a Zapatero, que hoy le puede cualquiera porque está hecho unos zorros políticos; comparado con lo que tenemos, con que Rajoy consiguiera ser percibido en la calle como alguien capaz de gobernar... ya sería mucho.

Pienso que el líder del PP aun tiene que seguir entrenando para conseguirlo. La credibilidad es el talón de Aquiles de los políticos, su principal déficit cuando se pierde, y lo que en mi opinión le falta al actual jefe del Gobierno español dentro y fuera de España, el problema de Zapatero. No es fácil ganarla y menos en tiempos tan duros como los que estamos viviendo, la peor crisis en ochenta años, dicen; pero la credibilidad se pierde en segundos, o en un suspiro de soberbia como yo creo que le ha pasado a Zapatero

Con la salvedad obligada de que en la política nada se puede dar por definitivo, tengo la impresión de que las pocas horas que duró el debate del decretazo del déficit bastaron para comprobar que la credibilidad ZP ya es prácticamente irrecuperable. Ya casi da igual lo que prometa, el cielo o el infierno, no se le cree, simplemente; a él, tal vez el presidente que despertó una corriente mayor de afecto cuando llegó al poder. El debate del déficit ha sido, para mí, su Waterloo, y quien le remató, Durán i Lleida, el hombre, en mi opinión, que acertó con el lenguaje y con el mensaje que requería la ocasión. ¿Hizo tal vez, Durán, el papel que debería haber hecho el líder de la oposición? Que no le den más vueltas, ¡claro que sí!

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