22 de noviembre de 2010
22.11.2010

Lo que cuesta un riñón

El negocio del tráfico de órganos

22.11.2010 | 01:00
Lo que cuesta un riñón

Estos días circuló la noticia de que la empresa multinacional sudafricana Netcare, especializada en asuntos sanitarios, pagará 800.000 euros de indemnización por su implicación en una red dedicada al trasplante ilegal de órganos entre los años 2001 y 2003. La investigación de los hechos se sigue en un tribunal de aquel país y todavía falta por dilucidar la responsabilidad de los médicos en las operaciones que se realizaban con la cobertura falsa de que los donantes eran familiares de los receptores de órganos. Una excusa aparentemente fácil de desmontar porque los donantes eran casi todos ciudadanos brasileños y rumanos y los receptores ciudadanos de Israel, un país donde, por razones religiosas y culturales, esta práctica es muy limitada. El negocio era bastante rentable para los intermediarios, ya que éstos le pagaban a los donantes entre 3.600 y 4.400 euros por un riñón y luego le cobraban a los pacientes israelíes entre 44.000 y 88.000 euros. La actual investigación se centra en 109 operaciones, pero se calcula que el número bien podría rebasar los 3.000 casos. Una cantidad apreciable si tenemos en cuenta que en el mundo se realizan unas 15.000 operaciones ilegales de transplante al año, según cálculos de las autoridades sanitarias. El asunto es bastante siniestro, pero nadie puede negar que ignoraba ese tipo de tráfico cuando hace años apareció en un periódico brasileño el siguiente anuncio: «Hombre de 37 años vende cualquier órgano del que tenga dos y cuya extirpación no le cause la muerte». Cuando el dinero es poco y la situación es desesperada, hay que economizar palabras en la redacción de un anuncio breve, pero del texto se deduce claramente que aquel varón ponía en venta una pierna, un brazo, un ojo, una oreja, un riñón, una mano y un pie con sus correspondiente dedos. Además, claro, de uno de sus dos testículos. Por supuesto, no todos esos órganos pueden ser, de momento, objeto de una operación de trasplante, pero la intención de poner a la venta algo de lo que la naturaleza nos ha dotado gratuitamente parece inequívoca. ¿Es caro o barato un riñón por 3.000 o 4.000 euros? No sabría decir. Todo es relativo. En la consideración popular, el riñón es uno de los órganos más valorados. «Me ha costado un riñón» se dice para ponderar la importancia de una compra. Lo que sí resulta evidente es la plusvalía de la que se beneficiaba el intermediario. De los 3.000 euros de la compra a los 88.000 de la venta al interesado en el trasplante (coste de la operación aparte) hay un margen de ganancia fantástico. Hechas estas cuentas, la indemnización de 800.000 euros impuesta a Netcare por el tribunal sudafricano me parece muy asequible para las finanzas de una empresa multinacional. En todo caso, es muy inferior a las indemnizaciones que pagará el Gobierno británico a los desgraciados ciudadanos que ayudó a torturar en Guantánamo bajo arbitrarias acusaciones de terrorismo. O a los 55 millones de dólares que tuvo que pagar la archidiócesis de Boston (Estados Unidos) por los abusos sexuales de que hicieron objeto los sacerdotes católicos a niños que estaban a su cargo. Por lo demás, el ámbito de actuación de Netcare se extiende a muchos otros países. En España, por ejemplo, intentó quedarse hace años con la propiedad de todos los centros hospitalarios de la Cruz Roja, excluidos los de Asturias. Todos ellos disponían de buenos servicios de diálisis. Se ve que Netcare está especialmente interesada en los riñones.

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