13 de febrero de 2012
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Vaya túnel

La democracia cristiana alemana y los gobernantes católicos españoles nos han devuelto a 1912

13.02.2012 | 01:00
Vaya túnel

Ahí lo tienen, sin necesidad siquiera de recurrir al clembuterol, Rajoy acaba de batir un récord mundial: en dos meses ha dicho más mentiras que ZP en ocho años. Y el coro de pelotas venga a afirmar que a más despidos más contrataciones. Por esa vía se echa a todos, a los 15 millones de empleados que hay en España y al instante se los vuelve a contratar, batiendo otra marca planetaria. Y los salarios, a la mitad. ¡Un nuevo récord! De desvergüenza, claro.

Rajoy se ha cargado los contratos de trabajo -y por las mismas cualquier contrato-, ya que si se pueden cambiar las condiciones iniciado el partido y cabe rescindirlos unilateralmente y a partir de elementos dizque sobrevenidos es como si no existiesen.

El túnel del tiempo que acaba de inaugurar el PP nos lleva a la época de los siervos de la gleba.

En vez de exigir la capitalización de las empresas -¿las ingentes cantidades de dinero ganadas en las dos últimas décadas dónde están?, ¿quizá en las islas Caimán?- y avanzar hacia las cimas del Primer Mundo, incentiva los despidos y las bajadas de salarios según modelos tercermundistas.

Vamos camino de China. Allí con un régimen confuciano-maoísta y aquí con un sistema cristiano-católico: dicta la democracia cristiana alemana y obedecen los gobernantes católicos españoles.

Bueno, con una diferencia: en China ahorcan a los que se llevan el dinero a los paraísos fiscales, mientras que aquí los bendicen con primas.

Rajoy acaba de abrir en canal socialmente a España, resucitando la vieja lucha de clases. Es lo que nos faltaba. Hace un siglo la izquierda rompió la baraja nacional; ahora, la derecha. Si volvemos a los tiempos del Noi del Sucre ya sabemos quién ha tenido la culpa. ¡No te vayas, Garzón! ¡Vuelve, Zapatero! Dios mío, jamás sospeché que podría llegar a decir algo semejante.

(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la obertura de «Los esclavos felices», de Arriaga).

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