01 de octubre de 2012
01.10.2012
"Día mundial de la aruitectura" 2012

La huella del arquitecto discreto

Mariano Marín Rodríguez-Rivas, tercer miembro de una destacada saga profesional, tiene en su Gijón natal notables muestras de una brillante trayectoria marcada por la voluntad vanguardista

02.10.2012 | 05:35

Mariano Marín Rodríguez-Rivas (Gijón, 1926) aplicó a su arquitectura una reflexión que escuchó a Igor Stravinsky: «Cuando me siento, no sé lo que quiero componer, pero sí sé lo que no quiero hacer».

Hace ahora medio siglo estaba edificándose en Somió la sede del Club de Tenis de Gijón, una de las construcciones más significativas de las realizadas en la ciudad durante el siglo XX. Este edificio, trazado en colaboración con José Díez Canteli y lamentablemente hoy muy desfigurado, permite apreciar que a sus autores no les bastaba la facilona solución tradicional propia de un club de campo, optando por un inmueble en el que su función, distribución y ubicación constituían los factores determinantes de su diseño.

La economía de medios expresivos, la atención a los factores que acaban de citarse junto a su gusto por el orden compositivo, la proporción y una estudiada elección de materiales son desde entonces propios de la arquitectura de Mariano Marín, quedando así su obra caracterizada tanto por su voluntad vanguardista como por su discreción.

Nieto de Mariano Marín Magallón e hijo de Mariano Marín de la Viña, dos arquitectos que dejaron una positiva huella en Gijón, el tercer miembro de esta saga se titula en Madrid en 1957. Tuvo desde su juventud una marcada vocación humanista que ya lo llevó durante su etapa estudiantil a tomar contacto con el grupo «El Paso» y a dirigir durante tres años en Radio Nacional de España el programa «Música impopular».

Finalizada la licenciatura, obtiene una beca que le permite efectuar un máster en el Instituto Tecnológico de Massachussets entre 1958 y 1959. En 1962 finaliza su doctorado en Madrid e ingresa en el Cuerpo de Arquitectos de Hacienda. En esa fecha también se afinca profesionalmente en Gijón, ya que, tras el temprano fallecimiento de su padre, se hace cargo de su estudio profesional.

En 1967 obtiene el primer premio por el proyecto de la delegación del Ministerio de Obras Públicas en Bilbao, realizado en colaboración con Ignacio Álvarez Castelao, y en 1986 recibe el premio «Asturias» de Arquitectura por un grupo de viviendas de promoción pública en Cudillero. A la vez, el Colegio de Arquitectos de Asturias lo propone como candidato al VII Premio «Antonio Camuñas».

Fue decano del Colegio de Arquitectos entre 1976 y 1978 y de nuevo entre 1983 y 1985.

Respecto a su obra, resulta especialmente notable la realizada en Gijón durante el inicio de su carrera profesional, estando compuesta por varios edificios de viviendas, el citado Club de Tenis y la lamentablemente desaparecida gasolinera Mayfer, ubicada en la avenida de Portugal y caracterizada por sus paraguas de hormigón, evidente inspiración para Norman Foster cuatro décadas más tarde para el diseño de las estaciones de servicio Repsol.

A pesar de las limitaciones del desarrollismo, logra realizar durante las décadas de 1960 y 1970 proyectos de calidad, caso de los edificios ubicados en el n.º 14 de la plaza de Europa y en el n.º 3 de la del Seis de Agosto.

En el ámbito regional también fue responsable de una amplia actividad vinculada a la vivienda de promoción pública, correspondiendo una primera etapa a la renovación de cuarteles y barrios mineros seguida de otra en la que aborda grupos de viviendas realizados en Cudillero, El Entrego, Grado, Nava y Oviedo.

Entre 1980 y 1995 realiza varios proyectos para el Instituto Social de la Marina, caso de las discretas casas del mar de Cudillero y Luarca, así como de las más elaboradas de Tapia de Casariego y Ribadesella, diseñadas en cada caso atendiendo a su lugar de ubicación y huyendo de soluciones estandarizadas.

Uno de sus últimos proyectos fue una propuesta planteada para la supresión de la barrera ferroviaria de Gijón, manteniendo en estos terrenos las terminales de ferrocarril y autobuses así como un Palacio de Congresos.

También resulta destacable su empeño en la mejora de las construcciones de la región promoviendo un estudio de materiales de edificación y buscando la homogeneización de su calidad en todas las obras, e igualmente fue impulsor de las normas de diseño del Principado de Asturias.

Tras retirarse profesionalmente en 2004, donó parte de su biblioteca a la Universidad de Oviedo. LA NUEVA ESPAÑA rinde así homenaje en este «Día mundial de la arquitectura» a uno de los tracistas gijoneses contemporáneos más notables, a la vez que contribuye a que su brillante trayectoria profesional tenga el reconocimiento adecuado.

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