Opinión
Jesús Menéndez Peláez
El padre Patac, un jesuita jovellanista
Lamento que ningún departamento de nuestra Universidad le hubiera propuesto para ser nombrado doctor honoris causa
El padre José María Patac de las Traviesas, un jesuita que, además de otros muchos galardones, tuvo el reconocimiento de ser nombrado hijo adoptivo de la villa de Jovellanos por su generosidad y entrega a la historia de Gijón y de Asturias, falleció el 21 de octubre de 2002. Al cumplirse una década de su muerte, un segmento cronológico que suele ser utilizado para no perder la memoria histórica de nuestros seres queridos, yo quisiera evocar, aquí y ahora, dos notas de su personalidad en las que el padre Patac fue ejemplar: su condición de jesuita y su talante jovellanista.
Su condición de hijo de San Ignacio de Loyola marcó toda su vida. Recordemos brevemente la singladura de una de las órdenes religiosas más influyentes no sólo en el occidente europeo, sino también en la historia de la educación de los cinco continentes. Fue fundada por un vasco de raigambre aristocrática, Ignacio de Loyola. Su conversión religiosa, ya en su juventud, es un acontecimiento mil veces relatado y constituye un interrogante difícil de explicar desde categorías exclusivamente psicológicas. La Universidad de la Sorbona, en París, fue testigo de aquel acontecimiento y de su proyecto, en el que participó asimismo otro español universal, el que hoy conocemos como San Francisco Javier. El Papa Paulo III aprobará aquellas primeras constituciones el 27 de septiembre de 1540. Inicialmente aquella orden religiosa nace con una vocación misionera de evangelización. Francisco Javier partirá en 1542 rumbo a la India.
La denominación de la congregación bajo el término genérico de «compañía» tiene ya connotaciones militares: la Compañía de Jesús. El texto latino lo dice todo: «Quicumque in Societate nostra, quam Iesu nomine insigniri cupimus, vult sub crucis vexillo Deo militari». El tema de un cristianismo militante bajo la bandera de Dios marcará también la espiritualidad ignaciana. Bien conocida es la meditación de las dos banderas de los «Ejercicios espirituales» de su fundador. La vocación misionera y evangelizadora bajo la bandera de Cristo se complementará muy pronto con su vocación educadora. La pedagogía jesuítica se impondrá en los cinco continentes con el sello de excelencia. Los jesuitas se constituirán en la España moderna como la orden más influyente, siendo el Colegio Imperial de Madrid el centro cultural de la Corte. Pero este influjo suscitó muy pronto celos y recelos tanto en los círculos políticos como eclesiásticos, que terminarán con su expulsión en 1767, uno de los acontecimientos más tristes de nuestro siglo XVIII. Vocación misionera y función docente, he aquí dos de los rasgos que caracterizaron y caracterizan a los hijos de San Ignacio.
El padre Patac asumió en su biografía estas dos funciones. Uno de sus primeros destinos, después de su formación filosófica y humanística en Bélgica, fue Santiago de Cuba, en donde ejerció la docencia desde 1937 hasta 1940, habiendo teniendo entre sus alumnos a los hermanos Fidel y Raúl Castro. Terminada esta primera etapa misionera y docente como «maestrillo», regresa a España para terminar los estudios de Teología en la Universidad de Comillas, sin duda uno de los lugares más emblemáticos de la intelectualidad no sólo jesuítica sino también del clero secular: es un orgullo para mí haber obtenido la licenciatura en Estudios Eclesiásticos en esta Universidad y formar parte del comité científico de la revista «Perficit», especializada en lenguas clásicas.
El 29 de julio de 1943 se ordenó sacerdote. Su inclinación por las ciencias hizo que sus superiores les instaran a que hiciera estudios civiles; una singladura que culminará en la Universidad de Valladolid con la licenciatura en Ciencias Químicas. A partir de 1950 su vida estará vinculada a la Compañía de Jesús en Gijón hasta su muerte. Fueron más de cincuenta años de su vida en perfecta sintonía con el devenir de la historia de Gijón desde su atalaya del Colegio de la Inmaculada. Esta identificación con la historia de la villa de Jovellanos le hizo descubrir la figura del ilustrado, de quien será un fervoroso admirador. Esta admiración era, sin duda, testimonial del reconocimiento que Jovellanos tuvo por los jesuitas, una orden religiosa proscrita en pleno siglo XVIII, como ya indiqué. Y aquí quiero salir al paso del antijesuitismo de Jovellanos esbozado en algunas publicaciones. Nada más erróneo. Jovellanos no se adscribió a dicho movimiento capitaneado por Aranda. Antes bien, les respetó e hizo todo lo posible por su repatriación. En alguna de sus cartas usa la expresión «pobre gente» al referirse a los jesuitas expulsos. Más aún, en su época de ministro de Gracia y Justicia, concretamente el 25 de febrero de 1798, a propósito de una petición del ex jesuita Juan Masdeu, intercede ante el rey Carlos IV para la repatriación de los jesuitas a España; el rey accede. Fruto de esta petición de Jovellanos, Godoy publicará un decreto el 11 de marzo de ese mismo año permitiendo la vuelta de los jesuitas expulsos, bien es verdad que fue poco duradera esta disposición, ya que en 1801 -coincidiendo precisamente con el destierro de Jovellanos a Palma de Mallorca- volverían a ser desterrados.
El jovellanismo del padre Patac quedó patente en muchos momentos de su vida; resaltaré tan sólo uno muy fructífero. Gracias a su bondad y a su seriedad intelectual pudo microfilmar toda la documentación de los Jovellanos generada en su casa de Cimadevilla y custodiada en la actualidad en el palacio de Mohías. Esta valiosísima documentación la donará posteriormente a nuestra fundación, el profesor Manuel Abol la transcribirá y estudiará, siendo publicada recientemente; es una de nuestras publicaciones más estimadas. El jovellanismo del padre Patac quedó patente asimismo en el acta fundacional del Foro: fue uno de nuestros patronos fundadores.
Imposible referirme a otros aspectos de la biografía del padre Patac. Como Jovellanos, su persona ofrece muchas caras, siempre ejemplares. Su biblioteca asturianista ahí está. Gracias a ella se hicieron muchas tesis doctorales. Como universitario siempre lamenté que ningún departamento de nuestra Universidad le hubiera propuesto para ser nombrado doctor honoris causa. Entono mi «mea culpa». Personalmente también estoy en deuda con él. Mis proyectos universitarios sobre el teatro asturiano y el teatro jesuítico -asumido actualmente este último en un proyecto internacional- le son deudores. Gijón y Asturias tienen en el padre Patac un referente ejemplar en su memoria histórica: un hombre sabio, humilde, discreto y generoso con quienes necesitaban de su ayuda.
Al cumplirse diez años del fallecimiento, a los 91 años, del padre José María Patac de las Traviesas (SJ), el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón organiza hoy una mesa redonda que lleva por título «Diez años sin el padre Patac», en la que intervendrán Fernando García Albella, director de la Biblioteca Pública Jovellanos; Jesús Menéndez Peláez, presidente en funciones de la Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, y Ramón Alvargonzález Rodríguez, catedrático de la Universidad de Oviedo, director de la Fundación Alvargonzález y antiguo alumno del Colegio de la Inmaculada de Gijón (padres jesuitas).
El acto comenzará a las 20.00 horas y se celebrará en la sede del Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, que está situada en la sala cultural de Cajastur Monte de Piedad (plaza del Monte de Piedad, 2). Como en todos los actos organizados por el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, la entrada es libre. José María Patac (Oviedo, 1911-Gijón, 2002) fue nombrado hijo adoptivo de Gijón en el año 2002. La denominada Biblioteca Asturiana del padre Patac se conserva en la Biblioteca Pública Jovellanos.
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