27 de diciembre de 2012
27.12.2012
 

Puerto Rico, en la encrucijada

La integración plena del país caribeño en USA, un riesgo para la herencia cultural española

27.12.2012 | 01:00
Puerto Rico, en la encrucijada

La atención generalizada hacia las elecciones presidenciales norteamericanas del pasado 6 de noviembre motivó que pasaran desapercibidos los resultados parciales relativos a Puerto Rico, de gran transcendencia para la cultura española. Como es sabido, un 62,32% de los votantes apoyaron la «estadidad», es decir, la integración plena de Puerto Rico en los Estados Unidos, con la estrella 51 de la bandera USA, mientras que la opción independentista alcanzó un 5,5% y la permanencia de Puerto Rico como Estado libre asociado tuvo el respaldo de un 33,3%. Por contra, hay que señalar que el Partido Nuevo Progresista, PNP, que defendía la integración plena en EE UU, perdió la Presidencia del Estado puertorriqueño, que ganó por apretado margen Alejandro García Padilla, del Partido Popular Democrático, PPD, defensor del Estado Libre Asociado y, con ello, de la herencia cultural española.

No es fácil de explicar este resultado electoral contradictorio, si bien los partidarios del PPD denunciaron que la pregunta que debían contestar los electores sobre la continuidad del Estado libre asociado estaba incorrectamente formulada, ya que presentaba esta opción como «Estado libre asociado soberano», cuando el término «soberano» es considerado allí tabú, pues evoca situaciones, como las de Cuba o Haití, que inspiran muchos recelos. Se trata de incluir en el texto de formulación del voto una carga de valoración negativa, para poner en contra a los electores. Podría ser un caso similar al del presidente catalán A. Mas, que desea preguntar en su referéndum autonómico: «¿Quieres una Cataluña soberana integrada en la Comunidad Europea?». Sólo que en este caso la referencia a Europa sería para mover el voto en sentido afirmativo.

Probablemente no haya un retrato más fiel de una ciudad que su callejero. Así, para saber cómo es históricamente Oviedo nada como el magistral libro de Tolivar Faes sobre las calles de la capital del Principado. Llega el visitante a San Juan de Puerto Rico -«sangre aborigen y español el sello», según A. Camín-, y se encuentra, de mano, con una calle y con una estatua de Ponce de León, el conquistador español de hace 500 años, en la plaza San José, en el viejo San Juan, y con una calle, también principal, dedicada a Manuel Fernández Juncos, de Tresmonte, Ribadesella, autor de la letra oficial de la Borinqueña, himno nacional, y máximo defensor de la cultura española, antes y después de 1898, que tenía un perfil intelectual similar al de los grandes ilustrados asturianos, «experto en cuentos y cuentas» -como decía Valentín Andrés-, ya que fue escritor y ministro de Hacienda en el Gobierno autónomo, poco antes de la conquista norteamericana.

Impresiona la veneración de los puertorriqueños hacia tres grandes exiliados de la II República española: Juan Ramón Jiménez, Pau Casals y Pedro Salinas.

Aprovechando que el Papa Benedicto XVI, acuciado por la actual crisis, envió al paro a la mula y al buey del portal, no faltarán críticos literarios que nieguen la existencia real del burro Platero, basándose también en el famoso párrafo del capítulo CXXXVI, que comienza: «Dulce Platero, trotón, burrillo mío, que llevaste mi alma tantas veces -¡sólo mi alma!-?». Como sucede siempre con la creación artística, Juan Ramón combina contenidos procedentes de experiencias diversas: «En realidad, mi Platero no es un solo burro, sino varios, una síntesis de burros plateros. Yo tuve de muchacho y de joven varios. Todos eran plateros».

Juan Ramón y Zenobia Camprubí, que vivieron los últimos años de su vida en Puerto Rico, a partir de noviembre de 1950, se identificaron pronto con la isla, Zenobia por su origen familiar, y el poeta de Moguer porque sentía tan viva la influencia andaluza que aseguraba ver las mismas caras por las calles del viejo San Juan que por Sevilla. El gran rector Benítez de la Universidad de Río Piedras, orteguiano de pro y defensor de la cultura española, tuvo el honor de recibir en Estocolmo el Nobel de Juan Ramón Jiménez en diciembre de 1956, unos días antes de la muerte de Zenobia, con lo cual se cumplía la sentencia de Juan Ramón, expresada al comienzo de «Platero y yo», de que «la alegría y la pena son gemelas cual las orejas de Platero».

En 1955 se crea la Sala Zenobia y Juan Ramón Jiménez en Puerto Rico, que pasa a su actual ubicación en la Universidad de Río Piedras en 1969. Allí se conservan 105.699 volúmenes de libros, primeras ediciones, cartas, pinturas y recuerdos personales de la pareja de escritores, constituyendo este legado, sobre todo, la más importante colección de manuscritos de Juan Ramón, al lado del Archivo Histórico Nacional de España y de la casa-museo de Moguer.

El violoncelista y compositor Pau Casals, de madre puertorriqueño-catalana, vive su exilio en Puerto Rico desde 1942 hasta su muerte en 1973. Allí crea el Festival Casals de música clásica en 1956 y, poco después, participa en la organización de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y del Conservatorio. En 1957 se casó con la estudiante Marta Montáñez, quien cuida al maestro durante 17 años, hasta la muerte de Casals en 1973. El Museo Pablo Casals, en San Juan, conserva la documentación, manuscritos, partituras, instrumentos musicales y recuerdos personales del gran músico, defensor de la paz y la democracia, nacido en El Vendrell en 1876.

El poeta Pedro Salinas llegó a la Universidad de Puerto Rico en 1943. En 1946 regresó a su cátedra de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Falleció en Boston el 4-12-1951, siendo enterrado, por expreso deseo suyo, en San Juan de Puerto Rico, en el cementerio marino de Santa María Magdalena de Pazzis, frente a la mar atlántica, junto al Fuerte S. Felipe del Morro del viejo San Juan. Pedro Salinas señalaba como los días más felices de su vida los pasados, a mediados de los años 40, en Puerto Rico, comparables a los veranos de la Universidad Internacional de Verano de Santander, donde en 1932 conoció a la estudiante americana Katherine Prue Redding, más tarde profesora en el Smith College (Massachusetts), quien -según testimonio de Jorge Guillén- inspiró los poemas de «La voz a ti debida», «Razón de amor» y «Largo lamento», cumbres de la lírica española contemporánea.

Estos ejemplos de participación española en la cultura de Puerto Rico no deben hacernos olvidar la contribución de miles de emigrantes anónimos, así como de otros muchos exiliados de la II República. Fernando de los Ríos, Francisco Ayala, Federico de Onís, Aurora de Albornoz, Américo Castro, Gili Gaya, Navarro Tomás, Valbuena Prat, María Zambrano, Vela Zanetti, Serrano Poncela, Ferrater Mora, Ubaldo Rico, Donato Fuejo... fueron algunos de esos visitantes ilustres.

Entre las instituciones de origen español, destaca el Auxilio Mutuo, el Hospital Español más importante fuera de nuestras fronteras. Empezó a funcionar hace unos 130 años, todavía durante el dominio español de la isla. Cuenta con una plantilla de más de 700 médicos y es sostenido por más de 20.000 socios. Actualmente su presidente es Enrique Fierres González, de Pola de Allande, y entre sus responsables figuró Severo Manuel Ochoa, padre del Premio Nobel de Luarca. El Partido Popular Democrático dio grandes presidentes, como Muñoz Marín y Hernández Colón, que procuraron integrar las diferentes herencias culturales, defendiendo la pervivencia de la huella española.

El Congreso de los Estados Unidos debe, ahora, pronunciarse sobre el resultado de las recientes elecciones del pasado 6 de noviembre acerca del grado de integración de Puerto Rico en la Administración norteamericana, El 16% de los habitantes en USA son de origen hispano, en torno a 50 millones. Y van camino de ser pronto un 20%, ya que, como afirmó Josué de Castro en su «Geografía del hambre», «la cama del pobre es fecunda». Además, un 40% de los recientes votos de Obama proceden de las diferentes minorías residentes en EE UU.

Puerto Rico se halla en una encrucijada. Para el futuro de la herencia cultural española puede ser decisiva la opción que determine el Congreso americano. Esperemos que el peso electoral de las minorías y, sobre todo, la creciente presencia de los hispanos en la vida pública hagan prevalecer el respeto y la protección de la cultura de origen español. Que no se cumplan nunca los temores que expresa Pedro Salinas en «El contemplado», un poema dedicado a la mar de San Juan:

«Tantas luchas que ha costado,

Tantos afanes en vela,

Tantos bordes de fracaso

Junto a este esplendor sereno

Ya son nada, se olvidaron».

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