14 de marzo de 2013
14.03.2013
Sol y sombra

La Semana de Chema

14.03.2013 | 00:00
La Semana de Chema

No sé si la Semana de Música Religiosa es la mejor de las que existen. En cualquier caso no creo que haya otra en el mundo que la supere en relación calidad/precio. Tampoco conozco a nadie que haya hecho más por la cultura en Avilés que José María Martínez Sánchez, el hombre que la ha inspirado desde su concepción. O, para ser más exactos, artífice de estas jornadas que alcanzan ya treinta y seis ediciones como si nada.


Chema ha aprendido durante todo este tiempo a que su trabajo no se valorase lo suficiente pese a ser un buen músico, concienzudo profesional y maestro inagotable en conocimientos e ilusión para los alumnos del Conservatorio avilesino y la orquesta «Julián Orbón». Nadie es profeta en su tierra, una vez más cuesta decirlo pero es así. A ese escaso aprecio por los méritos del hombre que se ha entregado en cuerpo y alma a la Semana y a sus alumnos, habría que sumar las oportunidades profesionales que José María Martínez ha dejado pasar por delante para no tener que irse de Avilés.


Pero una cosa es sufrir cierta indiferencia hacia el trabajo que uno realiza y otra distinta padecerla sin lamentarse de ello. Chema se ha ganado a lo largo de su dilatada carrera cierta fama plañidera que concuerda un poco con su talante melancólico. Sin embargo, esto no quiere decir que no tenga razones para llorar o quejarse del poco apoyo que recibe la actividad musical que dirige. Empezando por la Semana de Música Religiosa, que este año no dispone de dinero y presenta un atractivo programa gracias al esfuerzo desinteresado de los intérpretes.


La pretensión de Chema es completar, antes de que en dos años lo jubilen, las grabaciones de las diez sinfonías del maestro avilesino Ramón de Garay, nacido en Sabugo en 1761 y que jugó un papel básico en el sinfonismo español. Quiere contribuir a la difusión de su obra. Para ello necesita cierto apoyo económico. Se trata de un empeño que, por crepuscular y lleno de ternura, ayuda a congraciarse con la vida en una ciudad donde se han derrochado los recursos públicos culturales en gilipolleces. Ahí está el caso del Niemeyer, que renueva actualidad.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook