01 de abril de 2013
01.04.2013
Dando la lata

Rosario de perlas

Los dispendios políticos en el Centro Niemeyer

01.04.2013 | 00:00
Rosario de perlas

A pesar de que la investigación sobre el desmadre habido en el Niemeyer va muy despacito, de vez en cuando aparecen informaciones que aportan detalles interesantes, a modo de perlas que van componiendo el precioso rosario de las acciones llevadas a cabo en el futurista centro cultural. Ahora son los viajes disfrutados por unos pero justificados a nombre de otros. Incluso aparece Baltasar Garzón -este superhombre tiene el don de la ubicuidad- como beneficiario de algún billetito de avión.


Desde luego, cada vez hay más argumentos para aplaudir a los que nombraron al responsable de la institución y agradecerles su celo en el control de la gestión del mismo -recuerden las multitudinarias manifestaciones, las muestras de indignación ante el feroz ataque perpetrado por el fugaz gobierno casquista contra el Niemeyer y contra la cultura en general-. Ahora nos enteramos de que con esos dineros se pagaban excursiones para disfrutar en directo de la Fórmula 1 y viajes varios para los allegados del mandamás incontrolado. Todo de lo más cultural. Nada abonado con fondos particulares. Así da gusto.


Veremos qué futuro depara al señor Grueso y proximidades. De momento, la recompensa de la gestión cultural madrileña, encaminada a dar una estupenda impresión de cara a los Juegos Olímpicos del 2020 -cómo no va a haber tanta gente honrada contraria a la candidatura. La magnitud del latrocinio puede alcanzar proporciones siderales-. Pero, ¿qué ha pasado con los políticos responsables de los gloriosos nombramientos y del control? Porque yo no sé de nadie que haya pagado ningún pato. Todo el mundo, de rositas. Como siempre en Asturias, presidida por el principio de irresponsabilidad, esto es, que por muy gorda que la líe uno, la dimisión o el cese no son repercusiones contempladas. Así da gusto meterse en política. Sin consecuencias personales negativas, sin que nadie te haga saltar del cargo de un puntapié, por muy calamitosa que sea la ejecutoria. Es tan sencillo como defenderse alegando que «yo no sabía nada» y «yo no tengo nada que ver». Y ya está. Total, el estropicio ya está hecho. La destitución del político sería una crueldad innecesaria. Bastante mal lo está pasando ya borrando rastros y escurriendo bultos. ¿No es suficiente castigo?

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