28 de abril de 2013
28.04.2013

Los bosques y el lobby forestal

La oposición de las empresas a la «madera de adorno»

28.04.2013 | 00:00

El mundo en el que vivimos se ha convertido en un gran mercado. El problema es que los fines lucrativos de las empresas chocan a menudo con el interés general de ciudadanos y consumidores. En ese conflicto juegan un papel determinante los llamados lobbies, grupos de personas influyentes, organizados para presionar en favor de determinados intereses. Normalmente defienden los objetivos de sectores empresariales, tratando de influir en los legisladores y promoviendo una imagen positiva de las actividades desarrolladas por ese sector. Se calcula que en Bruselas trabajan más de 15.000 lobistas intentando condicionar las decisiones de la Unión Europea, en su gran mayoría defendiendo los intereses de las grandes empresas.


En Asturias, un grupo de presión especialmente activo en los últimos años es el lobby forestal, que defiende los intereses legítimos del sector, aunque utilizando con frecuencia argumentos muy cuestionables. Se afirma, por ejemplo, que esta región necesita más madera que tenga posibilidades de consumo industrial y no tanta «madera de adorno» como la que hay en las 350.000 hectáreas protegidas que tiene la región. Incidiendo en esta idea de la superprotección ambiental, con frecuencia se ponen en duda las posibilidades de desarrollo del medio rural al estar el 35% de la superficie asturiana bajo alguna figura de protección. En otras ocasiones desde el sector forestal se transmiten ideas claramente manipuladas que distorsionan la realidad de nuestros montes. Así ocurre cuando se afirma que la explotación maderera está prohibida en las áreas protegidas de nuestra región o que los bosques de especies frondosas no son objeto de aprovechamiento.


Existen muchos casos que demuestran la falsedad de esas afirmaciones. Sin ir más lejos, estos días se está tramitando un proyecto de explotación forestal en el hayedo de Monte Grande, en Teverga, uno de los más extensos de la región. Este bosque está protegido por la normativa europea, ya que es Lugar de Interés Comunitario (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Además, es parte del parque natural de Ubiña-La Mesa y se sitúa en una «zona de uso restringido especial», la categoría de máxima protección dentro del parque. El hayedo de Monte Grande es también área de distribución del oso pardo y del urogallo cantábrico, dos especies en peligro de extinción. Si exceptuamos el caso puntual de la Reserva de Muniellos, no hay en Asturias un bosque con mayor protección normativa que el hayedo de Monte Grande. A pesar de ello, se pretende explotar este bosque a través de un proyecto que incluye cortas de hayas y robles, ensanchamiento de pistas, apertura de vías de saca de madera, desbroces, cortafuegos, etcétera. Todo un despropósito desde el punto de vista ambiental, al que se une la circunstancia de que se trata de un monte público, en el que no cabe acudir a la legitimidad de explotación de los propietarios privados invocada en otros casos. La incoherencia es aún mayor al saber que la Administración que gestiona este bosque prevé un beneficio económico de poco más de 10.000 euros al año. Mientras, esa misma Administración invierte millones de euros en reducir la fragmentación del hábitat de osos y urogallos. Esto supone un motivo más por el que la gestión de esta gran mancha forestal debería ir dirigida a su conservación como bosque natural, libre del manejo y la explotación forestal.


Y es que un bosque natural es muy distinto en sus características ecológicas de un bosque sometido a explotación maderera y tiene muy poco que ver con un cultivo de árboles. A pesar de esto, la FAO, organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, define los bosques como «una superficie de tierra de más de media hectárea (5.000 metros cuadrados), con árboles de altura superior a 5 metros y una cubierta forestal de más del 10%, o con árboles con potencial para cumplir dichos parámetros». Según esta definición, serían bosques las plantaciones industriales de árboles, como los eucaliptos o la palma de aceite, cuyo monocultivo está llevando a una dramática reducción de las selvas tropicales en el oriente asiático. En este caso, según el concepto establecido por la FAO, simplemente se trataría de la sustitución de un bosque por otro.


La definición adoptada por la FAO tiene gran importancia, pues muchos análisis y acciones se implementan a partir de ella. Además, es la que utilizan las instituciones dependientes de las Naciones Unidas, entre ellas la Convención Marco sobre el Cambio Climático, así como numerosos gobiernos de todo el mundo, que la aplican en sus programas y políticas. Por eso, esta definición ha sido muy criticada en los últimos años. En 2011, «Año internacional de los bosques», más de 600 científicos y expertos de todo el mundo se dirigieron a la FAO en una carta abierta en la que se instaba a ese organismo a iniciar un proceso de revisión del concepto de «bosque». Sin embargo, a día de hoy, sus palabras han sido ignoradas. No hay que olvidar que la FAO mantiene importantes vínculos con la industria forestal a través de diferentes órganos estatutarios que asesoran a su Departamento de Silvicultura. Uno de ellos es el Comité Asesor sobre el Papel y los Productos Madereros, que está formado por ejecutivos de la industria del papel y la madera. Otro resultado de esa alianza entre la FAO y el sector forestal consiste en hacer publicaciones conjuntas, como fue el caso del informe divulgado en 2008 con el título «Impacto de la industria forestal mundial sobre los gases atmosféricos de efecto invernadero», realizado por la FAO y el Consejo Internacional de Asociaciones Forestales y Papeleras. El objetivo del estudio era «dar un papel más relevante a la industria en las negociaciones internacionales sobre el calentamiento global».


El lobby forestal, el que considera los bosques naturales como poco más que «madera de adorno», lleva ya muchos años ejerciendo sus labores de presión a todos los niveles. Como resultado, las empresas forestales han salido muy beneficiadas, pero las consecuencias para el conjunto de la sociedad están siendo muy negativas en demasiadas ocasiones.

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