13 de junio de 2013
13.06.2013

La familia unida

La mezquindad que pueden generar las expectativas de alcanzar una herencia

13.06.2013 | 00:00
La familia unida

Desde hace veinte años, se celebra cada 15 de mayo el «Día internacional de la familia», por iniciativa de las Naciones Unidas.


Primer núcleo de solidaridad, hoy se tiene conciencia de la inestabilidad de la familia, con casi tres divorcios por cada cuatro matrimonios, y con nuevas formas de organización tras el largo camino desde la gens extensa a la actual familia nuclear de padres e hijos. Caída la autoridad tradicional del paterfamilias, la vida familiar exige comunicación, apertura de miras, división del trabajo, respeto, afecto y, especialmente, enfrentarse a los problemas de manera conjunta, eliminando las decisiones unilaterales en los asuntos que afectan a todo el grupo familiar.


Los matrimonios y nacimientos tardíos, con la actual evolución política y económica de España y Europa, dificultan cada vez más la educación de los niños y la atención a las personas con discapacidades y a las personas mayores. Ya no se ven las rupturas matrimoniales en términos de culpabilidad, como hace medio siglo, y va habiendo conciencia clara de que no es con prohibiciones, sino con estímulos positivos, con ayudas, como se protege a los niños y a las mujeres en las rupturas familiares.


Las recetas tradicionales para mantener la unidad familiar a toda costa quedaron desbordadas por la creciente complejidad de los tiempos actuales.


En las dos posguerras, española -a partir de 1939- y europea -a partir de 1945-, e incluso entre los católicos de Estados Unidos, la Iglesia, con el Papa Pío XII a la cabeza, proponía, como receta eficaz para mantener la familia unida, el rezo diario del santo rosario. Se hicieron grandes campañas en la radio por iniciativa del propio pontífice. «Nos afirmamos que el rezo del Santo Rosario en familia es un modo muy apto para conseguir un fin tan arduo» (Encíclica de 15-1-1951).


Pero en los años sesenta del pasado siglo, con el desarrollismo, la Iglesia pierde presencia pública, y otras actividades pasan a primer término ante la atención de la gente. Por ejemplo, la hostelería adquiere un acusado protagonismo hasta los comienzos de la actual crisis económica. Es difícil que los grandes restaurantes vuelvan a recuperar el esplendor y el éxito de esos años de vino y rosas. Por eso, los dueños de los establecimientos de hostelería pasaron a ser grandes conocedores de la sociedad. No creo que nadie haya dado una definición mejor de lo que es una familia unida que un hostelero, el antiguo dueño del restaurante Las Delicias, de Gijón. Cuando oía hablar de una familia muy unida, preguntaba: «¿Partieron?». Si se le decía que no, entonces añadía: «Si no partieron una herencia, ¿por qué sabéis que es una familia unida?». En efecto, una familia unida es la que no monta un escándalo que hace sonrojarse a los amigos al repartir una herencia; da lo mismo que sea cuantiosa que miserable. Las herencias son muchas veces causa de disensiones familiares. El actual presidente de un país americano del Cono Sur, de origen astur, sufrió una gran decepción en un viaje que hizo al Principado hace media docena de años. No fue invitado a traspasar la puerta de la casa de un primo suyo, temeroso éste de que el pariente indiano viniera a reclamar su parte de una vieja herencia familiar. Clarín expresa en el cuento «Boroña» toda la mezquindad que pueden generar las expectativas de alcanzar una herencia.


Algunas de las familias que rezaban el rosario unidas tenían que llamar al notario, inmediatamente después de la muerte del patriarca, para evitar que los deudos más allegados saquearan la casa familiar. Y lo mismo puede decirse de los que creen defender la unidad familiar votando a partidos de la derecha, dado que el divorcio tiene un inevitable componente económico, que asumen más fácilmente quienes cuentan con más medios. Por eso, cuando se produce la actual crisis, en 2008, disminuyen, momentáneamente, las rupturas familiares a la vez que las ventas de coches.


El apoyo a la unidad familiar no se consigue con restricciones a las libertades individuales, sino con ayudas a los niños, a las madres, a las personas con discapacidades, a los ancianos, y con buenos servicios asistenciales, de guardería, educativos y sanitarios por parte del Estado.

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