16 de julio de 2013
16.07.2013

De las ferias de maestros de Gera a los mercados de economistas en USA

La importancia de la entrevista en los procesos de contratación

16.07.2013 | 00:00
De las ferias de maestros de Gera a los mercados de economistas en USA

Es difícil que un británico acepte que, antes de la constitución del parlamentarismo inglés a mediados del siglo XIII, el gran rey leonés Alfonso IX convocó Cortes en 1188, para tratar de graves problemas económicos, donde tuvieron representación el clero, la nobleza y las principales ciudades del reino, entre las que figuraba Oviedo.


Es difícil, también, que los norteamericanos acepten que la primera gran ceremonia pública de Acción de Gracias (Thanksgiving) no fue en Plymouth en 1621, ni siquiera en la bahía de Frobisher en 1571, sino en San Agustín (Florida) el 8 de septiembre de 1565, celebrada por Pedro Menéndez de Avilés.


Pero es mucho más difícil todavía que los españoles acepten que, para la selección de personal, una entrevista pueda servir para otra cosa que para colocar a familiares, amiguetes o paniaguados de los miembros del tribunal. La razón de este envilecimiento de la entrevista como modo de selección, entre españoles, es que no queda documento escrito que permita el recurso de los no elegidos. También se debe, probablemente, a un defecto secular de los españoles, que, tras ocho siglos de relaciones entre cristianos, islamitas y judíos -según Américo Castro- se mueven más por fe en un hombre que por la atracción de una idea. Sánchez Albornoz lleva más atrás en el tiempo este defecto nacional de ser leales a las personas y no a las ideas, de ausencia de un pensamiento objetivable. Encuentra ya esa característica de los hispanos reflejada en los escritos de Tito Livio sobre Escipión, en los de Diodoro Sículo y Apiano sobre Viriato y en los de Plutarco sobre Sertorio y Pompeyo el Joven.


Sin embargo, en el mundo anglosajón, la entrevista es considerada, en muchos casos, como el método perfecto de selección, porque ningún otro puede aportar tantos datos sobre los candidatos que se presentan a examen. En la reunión anual de la American Economic Association, una de las actividades principales es el mercado de trabajo, que tiene un precedente, salvando las distancias, en la feria de maestros, incluida, hasta hace medio siglo, en las ferias de ganado de los Santos en Gera (Tineo). La duración de la vieja feria de los Santos y del actual mercado de economistas resulta similar, unos tres días. Los llamados maestros babianos -de la Babia-, o tsacianiegos -de Laciana-, no vestían el birrete y la muceta doctorales, sino traje de pana, bota alta, polainas y gorro cónico con un pompón colgante. Los contratantes eran, en Gera, los vaqueiros que no contaban con escuela pública en las brañas de Tineo, Pola de Allande y Cangas del Narcea, en el oeste de Asturias; en el mercado de economistas en USA, los contratantes son las universidades americanas del oeste y del este, que han anunciado previamente «on-line» en el Job openings for economists que convocan plazas abiertas. El contrato de los maestros babianos era de noviembre a marzo, se ajustaba el precio en la feria y tenían también que poner clases nocturnas a los adultos, y amenizar los filazones con baile, si sabían tocar la gaita o el acordeón diatónico.


Las pruebas de selección se centran, en ambos casos, en las entrevistas. Los aspirantes americanos envían previamente sus CV -cartas de recomendación-, más el Job market paper -su mejor trabajo de investigación- a diversas universidades. Los departamentos correspondientes examinan los Job market papers y las cartas y citan para las entrevistas en el mercado de economía a unos 30 candidatos, que tienen que ir de hotel en hotel para someterse a las pruebas. Al final de los tres días de mercado, los departamentos ofrecen a los elegidos dar un seminario -Fly out- y entrevistarse con los componentes del claustro durante un día en la universidad de destino.


En Gera, el lugar de las entrevistas era un corro formado en una esquina de la feria, donde recientemente el Ayuntamiento de Tineo y la Consejería de Educación erigieron un monumento a los beneméritos maestros babianos. Pero, si hacía mal tiempo, el hotel era en casa Carambolas o de Servandón de Gera. En los dos casos, en Gera y en USA, estaba (y está) muy mal considerado que se presentaran candidatos de las brañas contratantes o de las universidades americanas que convocaban la plaza. Es decir, los vaqueiros, tan endogámicos para casarse, eran exogámicos para contratar a los maestros, que procedían de brañas y lugares alejados, como la Babia, las Omañas o Laciana. Las universidades americanas, al contrario de las universidades españolas, condenan totalmente la endogamia académica, y cubren los puestos de docentes con estudiantes de otras universidades.


Los vaqueiros, también a través de entrevistas, averiguaban todo el curriculum de los aspirantes: si eran licenciados del ejército, si seminaristas rebotados, si funcionarios cesantes, si alumnos de la fundación Sierra Pambley. Además, les planteaban algún problema relativo a las cuatro reglas; por ejemplo, cuánto cuestan tres sardinas y media, si cada sardina y media vale un real y medio. El equivalente al Fly out americano podía ser que el maestro de la Babia tocara, como ejercicio práctico, una jota a la gaita o al acordeón diatónica.


A los maestros babianos se les llamaba catapotes, porque iban alternando las casas donde comían, permaneciendo todo el invierno en la braña donde ponían escuela, dadas las malas comunicaciones de hace un siglo. Los jóvenes profesores españoles que trabajan en universidades americanas permanecen todo el curso amarrados a los departamentos, formándose en una intensa labor de investigación, haciendo de catapotes de los comedores universitarios, ya que suelen comer habitualmente en el lugar de trabajo.


No se debe minusvalorar la labor de los maestros babianos, que financiaban los propios vaqueiros, aunque el Ayuntamiento de Cangas del Narcea colaboró en algunos casos. Leer un poco, escribir con dificultad y las cuatro reglas servían para dedicarse a la arriería, para ser carboneros o serenos en Madrid, o para emprender negocios con éxito en la capital de España, o en Cuba o Buenos Aires. Rosa Montero, Gil Parrondo, Marilina Ros «la Raulito», Fernando Verdasco descienden de vaqueiros que aprendieron las primeras letras, probablemente, con los maestros babianos.


Pero, sobre todo, los humildes vaqueiros de hace un siglo dan una lección permanente a la endogamia actual de nuestras universidades españolas, al seleccionar a los maestros mediante una simple entrevista, eligiendo siempre a los mejores.


Afortunadamente, varias universidades españolas participan ya en el mercado de economistas USA. Esto implica una mejora significativa en la selección del profesorado y, a la vez, más y mejores oportunidades profesionales para los estudiantes.

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