02 de noviembre de 2013
02.11.2013
 
Editorial

Gijón espera una urgente solución urbanística

02.11.2013 | 02:10

La realidad gijonesa sufre una situación tan compleja que la ciudad parece encaminarse hacia una paralización dañina para los intereses generales y, también, para los de amplios sectores económicos, capaces por sí mismos de generar actividad y empleo. Gijón vive días complicados sin que los ciudadanos puedan descubrir un liderazgo claro que los guíe en medio de una crisis de descomunal alcance.

La ciudad contempla atónita cómo, por ejemplo, la Alcaldesa, sus compañeros de gobierno y los concejales de los demás grupos políticos se colocan detrás de la pancarta que clama contra el cierre de una factoría propiedad de una multinacional con la sede social a miles de kilómetros de aquí. La ciudad contempla atónita el, por lo demás necesario y admirable, esfuerzo por salvar doscientos y pico empleos sobre los que el Ayuntamiento no tiene apenas influencia, mientras que no hace por salvar los cinco mil perdidos por el sector de la construcción local sobre el que sí tiene una enorme influencia. Las denuncias de los constructores y los promotores gijoneses sobre el brutal parón de un sector que, como decimos, ha perdido cinco mil empleos en Gijón no pueden ser obviadas. La compleja situación judicial que ha mandado a la papelera el anterior Plan de Urbanismo se ve agravada por la incapacidad del gobierno local de Foro Asturias de avanzar en la redacción del nuevo planeamiento. El anuncio de que hasta 2016 no entrará en vigor el próximo plan es un síntoma de incapacidad de gestión en un asunto clave para la ciudad.

La parálisis urbanística es la peor noticia que puede recibir una ciudad como Gijón que necesita de todos sus sectores para levantar el vuelo, salir de la actual crisis y crear el empleo que revitalice la vida económica y social de una comunidad ahora paralizada. Se da la circunstancia, además, de que el sector gijonés de la construcción está, por lo general, muy alejado de la imagen del constructor marbellí que busca el dinero fácil y hasta corrompido. Las empresas de la construcción de Gijón están muy arraigadas en la ciudad y, aunque muchas se han expandido fuera o han tenido que irse al extranjero en busca de trabajo para solventar las dificultades del momento, han sabido aguantar períodos de recesión en los que vendían a cuentagotas sus viviendas o bajos comerciales. La llamada de los constructores a una revisión rápida de las normas urbanísticas no puede ser ignorada dentro del gobierno local y de sus apoyos más cercanos. Foro está ahora mismo ante una responsabilidad de primer nivel que no se puede afrontar en soledad, culpando a los demás de todos los males y pretendiendo imponer por las bravas lo que ha de ser fruto de una negociación. Negociación que, dicho sea de paso, se ve prácticamente imposible conocido el talante forista que lleva en sus genes la bronca, la provocación y la falta de respeto a los contendientes políticos o sociales.

La parálisis urbanística de Gijón no puede, pues, seguir afectando a empresas sólidas y vinculadas desde hace décadas a la ciudad y, sobre todo, no puede seguir afectando negativamente a cinco mil familias gijonesas o asturianas que se ven abocadas al paro. Tenneco tiene su sede en Illinois, en Estados Unidos, y sobre su gestión el Ayuntamiento de Gijón no tiene un gramo de influencia. Colocarse detrás de la pancarta en defensa de la factoría del Alto de Pumarín está muy bien, aunque menos si se trata de reafirmar las buenas relaciones del jefe máximo de Foro con determinado sindicato. Pero estará mejor defender los empleos de empresas cuya actividad está profundamente relacionada con la gestión municipal de Carmen Moriyón y su gente.

La llamada de auxilio de la construcción no puede caer en saco roto ni puede ser infravalorada por los responsables municipales de Gijón. No hay disculpas para no avanzar con rapidez y eficacia en la solución del problema.

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