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Contra todo pronóstico

Realidad y ficción en la gestión del urogallo cantábrico

Existe un consenso generalizado con respecto al papel fundamental que debe tener el conocimiento en la toma de decisiones. En el caso de la conservación de la naturaleza, políticos y gestores abogan en sus discursos por el uso del conocimiento científico como punto de partida para el diseño y desarrollo

Aunque se desconoce cuándo comenzó el actual declive de la población de urogallo cantábrico, sabemos que este ha sido continuado desde principios de los años ochenta, cuando se llevaron a cabo los primeros trabajos de seguimiento. En la actualidad la especie parece estar al borde de la extinción en alrededor del ochenta por ciento de su área de distribución reciente, sobre todo, en el centro y el oriente de la cordillera Cantábrica. Sin embargo, cabe destacar que en el otro veinte por ciento, en las montañas más occidentales, el urogallo se mantiene de manera relativamente estable, tanto en la vertiente asturiana como en la leonesa. Las causas del declive aún están por determinar, pero los estudios desarrollados en los últimos diez años han aportado información relevante para la gestión de la especie. Sabemos que la presencia del urogallo depende de la existencia de grandes bosques, que donde hay más ganado hay menor presencia del urogallo, y que la cabaña ganadera ha aumentado en los últimos veinte años.

Hasta ahora esta información ha sido ignorada conscientemente por los responsables de conservación del urogallo, como queda demostrado por las actuaciones en marcha. Desde hace tres años el manejo de la especie y de su hábitat se enmarcan dentro de un proyecto "Life", coordinado desde la Fundación Biodiversidad y financiado con siete millones de euros. El proyecto gira en torno a dos puntos básicos: 1.-Eliminar los factores que han provocado el declive y 2.-Desarrollar un programa de cría en cautividad para producir aves que permitan recuperar la población silvestre una vez eliminados esos factores. Desde antes de comenzar el proyecto, varios científicos han venido manifestando que de acuerdo con los datos disponibles ambos puntos son inabordables. En el caso del primero, porque los factores causantes del declive son desconocidos, y es imposible eliminar o corregir un factor sin antes haberlo identificado. Respecto al segundo, porque las experiencias previas indican que en esta especie la cría en cautividad no sirve para recuperar poblaciones silvestres. En conclusión, si tenemos en cuenta el conocimiento disponible, este proyecto "Life" carece de fundamento, y cabe pronosticar que supondrá un fracaso de cara a la recuperación de la especie. En su lugar sería mucho más razonable y barato permitir la regeneración natural del bosque y el matorral e impedir la presencia de ganado en los bosques con urogallo y su degradación por la construcción de infraestructuras o la instalación de vallados.

Para justificar sus actuaciones y a pesar de la falta de fundamento en su plan de trabajo, el equipo del proyecto "Life" viene desarrollando una intensa campaña publicitaria desde su comienzo. La falta de información sobre las causas del declive del urogallo se suple con algunos tópicos de mediados del siglo pasado. En este caso, estos tópicos se resumen en la idea de que el urogallo desaparece cuando el hombre abandona el monte y este se llena de vegetación y alimañas. Como solución proponen abrir claros en el bosque, hacer rozas de matorral, promover el desarrollo ganadero y controlar las poblaciones de depredadores. Estas medidas, contrarias a las evidencias, se venden con el argumento de que dan trabajo a la población rural y permiten a la vez el desarrollo de actividades que en realidad son opuestas, la explotación del monte y su conservación. De este modo, unos pocos se lucran destruyendo el patrimonio natural de todos con unos fondos cuya finalidad es conservarlo.

El segundo punto del "Life" proviene de otro tópico por excelencia en el ideario sobre conservación de los XIX y XX, el que sostiene que cuando una especie silvestre comienza a escasear la solución está en criarla en cautividad para después repoblar. Más de cien años de experiencia han demostrado que la cría en cautividad sólo funciona en circunstancias muy determinadas y con algunas especies. Ese no es el caso del urogallo. El programa de cría es una actuación negligente, porque existen decenas de experiencias previas con esta especie en otros países y ninguna ha conseguido recuperar una población silvestre. No menos importante es el hecho de que sea imposible obtener suficientes reproductores para mantener el programa en funcionamiento sin esquilmar la población silvestre. A pesar de todo, la captura de hembras silvestres para retirar sus puestas el año que viene sigue en marcha, y los efectos negativos de esa retirada siguen sin ser evaluados.

En el mejor de los casos, las consecuencias del proyecto serán sólo el derroche de los siete millones destinados a financiarla y el desánimo para todos aquellos ciudadanos a quienes les preocupa la conservación del urogallo. Un escenario que personalmente considero más probable es que la retirada de puestas silvestres para el centro de cría, unida a la degradación del bosque fruto de las actuaciones del proyecto y de la potenciación de la ganadería, contribuya a acelerar el declive de la especie. A esto habría que añadir el falso mensaje que se transmite a la sociedad, haciendo ver que se ha hecho todo lo posible, pero al final la extinción era inevitable. Sin duda un engaño más en unos tiempos en los que el fraude está muy de actualidad.

Hace dos semanas, miembros de la Fundación Biodiversidad visitaban Asturias para analizar el funcionamiento del proyecto "Life" del urogallo. Su directora destacaba entonces "la complejidad técnica del proyecto, porque se desconocen las causas del declive de la población, por lo que es necesario hacer un esfuerzo en varios frentes de actuación, incluida la cría en cautividad, que hasta ahora no se había realizado con el urogallo cantábrico".

Es una frase paradójica. Por una parte, es la primera vez que alguien dentro de este proyecto reconoce la realidad públicamente, es decir, el hecho de que están gastando un montón de dinero en actuaciones injustificadas. Pero por otra, este reconocimiento explícito parece no tener consecuencias lógicas, ya que la frase concluye afirmando que la solución está en llevar a cabo tantas actuaciones sin fundamento como sea posible. Supuestamente, se trata de intentar muchas cosas al azar para ver si hay suerte y alguna funciona. Todo un despropósito. Esperemos que quienes tienen capacidad para tomar decisiones sobre este tema reflexionen y cambien el rumbo de una gestión sin pies ni cabeza. Sería un sinsentido que los fondos destinados a conservar una especie acabasen contribuyendo a su extinción, pero si nadie pone remedio parece que ese será el caso del urogallo cantábrico.

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