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Licenciado en Historia y Políticas

Asturias ante el nuevo Gobierno regional

El aumento del sector público y la escasa pujanza de la economía asturiana

La histórica región dormía la siesta, y la sigue durmiendo. Los asturianos observan los cambios en la administración regional con la seguridad de quien sabe que su Asturias seguirá el lento descenso a la insignificancia con todo atado y bien atado y con la preocupación puesta en la situación nacional, acostumbrados a soportar de todo aquí y esperarlo todo de fuera.

En esa línea, Javier Fernández ha nombrado un Gobierno extraído de los caladeros de la FSA o allegados, más duchos en mantener un ineficiente aparato administrativo que en el compromiso con el crecimiento económico.

Los datos de Asturias solo aportan continuidad en el estancamiento. En 2014, el crecimiento del PIB regional fue del 0,8%, el más bajo de España, y para este año se prevé que sea negativo. ¿Qué razones hay para que, continuando con las mismas políticas la tendencia a estar en la cola española del crecimiento cambie?

El enfoque seguido por los gobernantes asturianos, durante décadas, ha sido el de aumentar el peso del sector público y con esa losa se pretende seguir. En el estudio del profesor Francisco Cabrillo y su equipo sobre las comunidades autónomas, de mayo de este año, Asturias figura como la tercera región española con más peso de ese sector. Vieja carga, pues ya dura décadas, y se correlaciona con la escasa pujanza de nuestra economía. Algo tendrá que ver una cosa con la otra. Pues sí, en cualquier sociedad, la riqueza la crean las empresas en libre y abierta competencia.

Eso solo tiene una mala consecuencia: que Asturias recibe del resto de España año tras año, un saldo siempre positivo, es decir, negativo para los españoles de otras regiones, las que nos envían el dinero. Lo publicado por Hacienda en 2014 cifraba en 2.148 euros lo que cada asturiano recibe del resto, cifra inexacta a la baja si consideramos el resto de subvenciones, programas de ayuda, rescates y fondos europeos. Solo aquellas regiones que gozan de mayor libertad económica pueden exhibir aportaciones a las demás.

En el mismo estudio del profesor Cabrillo se sitúa a Asturias en el puesto número quince en Libertad Económica, solo empeorados, de la misma manera, por Andalucía y Extremadura. La correlación no engaña: administración sobredimensionada, hiperregulación de la economía privada y elevados impuestos son las constantes que producen estancamiento. Si Asturias no se empobrece con rapidez es por la inacabable ayuda de las regiones más libres y, por tanto, más prósperas.

Aun así, corroborada la realidad de que a más peso del Gobierno, menos riqueza y más dependencia externa, se promete, con el nuevo Gobierno, "pujanza económica" pero no existe expectativa de que se arregle la causa para que se produzca el efecto.

Un dato biográfico revela la magnitud de lo poco o nada que podemos esperar del nuevo Ejecutivo asturiano: ninguno de los miembros del Gobierno ha creado una empresa, pagado una nómina a final de mes, liquidado impuestos mensuales, o creado algún proyecto fuera del ámbito público, y con este perfil de político es imposible que prospere la iniciativa privada".

La manida "pujanza" será pretendida desde un departamento regido por la lógica continuista y socialdemócrata como se publica en las reseñas. Siendo así, ¿qué modelo de gestión puede ofrecer? Sólo el basado en mantener el sector público y en expandirlo si en el futuro las transferencias de otras regiones aumentan. Y, de igual manera, en mantener el exceso de regulación comercial vigente.

Que bajen los impuestos tampoco es esperable por muy bien que haga cuadrar las cuentas la nueva consejera. Sus instrucciones: mantener la presión fiscal para presentar formalmente un déficit público reducido en una región en la que para emprender e invertir, se necesita desahogo tributario urgentemente.

Va a ser cierto lo que dice Thomas Sowell: "vivimos en un mundo que demoniza al que produce, subsidia al que rehúsa hacerlo y canoniza al que se queja". Y para seguir.

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