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Fernando Granda

La luz invisible de Antonio López

La obra pictórica de María Moreno, la esposa del artista manchego

Antonio López pinta el aire, María Moreno pintó la luz. El artista manchego es la figura más relevante del realismo. Su mujer, Mari -para sus amigos y su entorno-, es la figura más invisible de esta tendencia pictórica. Pinta desde hace décadas, se mueve entre artistas plásticos pero su arte solamente lo conocen unos pocos. Un reciente documental de La2 -"La luz de Antonio"- la dio a conocer para el gran público. Una exposición que se inaugurará a comienzos del año próximo en el Museo Thyssen la traerá a primer plano junto al grupo de "Los realistas de Madrid".

María Moreno se casó con Antonio López en 1961. Tienen dos hijas, Carmen y María, que ahora quieren mostrar la obra de su madre. Una pintora que siempre huyó de los focos. Para pintar "La Gran Vía" Antonio y María alquilaron un ático desde el que atisbaban la conocida calle madrileña. Trabajaron desde su terraza y a pie de asfalto durante mucho tiempo. El arte final de él es hoy una de sus obras más conocidas, un monumento al realismo. Ella también pintó la famosa arteria llena de edificios emblemáticos pero su Gran Vía no ha sido presentada al público, al menos al madrileño. Quizá sea más evocadora, más espiritual.

Esta pintora realista, que ya conoció a su marido cuanto estaban estudiando en la Academia de San Fernando, trabajó a rachas, según los avatares de la vida, pero nunca abandonó su afición y su visión de la luz, ya fuera en rincones exteriores ya en interiores. Prefería temas más poéticos, menos urbanos, siempre humanos. Dicen sus amigos que es callada y discreta, prefiere los segundos planos. Ahora sus hijas, cumplidos ella los ochenta, pretenden mostrar el arte invisible de sus trabajos.

"La persona de Mari y su pintura... es la pureza, la pureza de las cosas, en un mundo impuro? Y a mí eso me parece que es un regalo", comentaba recientemente a la agencia Efe el pintor. Mientras sus hijas creen que no es una pintora en la sombra, que parece aparentar su discreción, sino que "ella ha tomado siempre las decisiones que ha querido y que la relación con su arte le ha hecho muy feliz". Compañeros de generación, de estudios, de escuela artística la ven también así. Isabel Quintanilla, Amalia Avia, Esperanza Parada compartían grupo y pandilla con María así como con los hermanos Paco y Julio López, Lucio Muñoz y el mismo Antonio López. Hubo bodas entre algunos de ellos y hubo mucho triunfo también. Prestigiosas galerías internacionales exhibieron sus obras y a María, a pesar de su escondida presencia, la vinieron a buscar desde la Rue des Beaux-Arts de París el gran Claude Bernard y una acreditada casa de Frankfurt. Ella misma produjo el filme "El sol del membrillo" en el que Víctor Erice, con la fotografía de Javier Aguirresarobe y Ángel Luis Fernández, reflejaron la forma de pintar de Antonio.

El pintor de Tomelloso confiesa que "Mari pintaba porque le gustaba". En el documental ella habla: "En un retrato yo no quiero que me den la apariencia. Quiero la clave de la persona. Y eso sólo lo logra un pintor infinitamente más dotado que yo. Por eso no he querido hace retratos. Me siento más cómoda con las flores y los jardines. Ahí lo que intento es dar vida a eso que es breve. Cuando pinto flores lo hago consciente del respeto que siento por ellas. Tienen una vida igual de misteriosa, igual de intensa que una persona. Yo quiero hacer retratos de eso".

El catedrático y crítico Paco Calvo-Serraller dice que "un mundo imaginario la protege de la realidad". Su vida parece el fiel retrato de su misterioso pensamiento artístico.

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