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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La rebelión del jabalí

Arrepentíos, el fin de los tiempos está próximo. Si cualquier visionario conociera la habitual ya presencia de jabalíes a las puertas de las ciudades principales de Asturias, campando a sus anchas por fincas y cultivos, hozando por los prados como si la hierba inmaculada hubiera sucumbido a los cascos del caballo de Atila, seguramente haría del hecho reciente y repetido una lectura apocalíptica.

Las correrías de los marranos salvajes en esta región son de película, y no sólo de videoaficionado que caza a la jabalina de paseo por la calle con una piara de jabatos pegada, en desfile marcial, a los cuartos traseros de la matriarca. En Gijón hay ejemplares que deben haberle cogido gusto al golf, pues son frecuentes sus correrías por el "green" de Castiello, para desazón de Antonio Mortera.

Habría que pedirle a Tom Fernández que después de explicarnos en el cine para qué sirve un oso, haga el esfuerzo de convencernos de qué razones hay para no liarse a tiros con los jabalíes.

En los filmes que relatan las distintas versiones del apocalipsis siempre aparecen animales salvajes colonizando los restos de lo que fue la civilización, de manera que esta masiva invasión artiodáctila recuerda a los lobos hambrientos de carne humana en "El día de mañana" o a los ciervos ociosos que se asoman a la Bolsa de Wall Street en "Soy leyenda".

Da miedo esta rebelión de las especies que no salen de la granja de Orwell, sino del monte abandonado. Cualquier días se nos alborotan también las gaviotas y se violentan como "Los pájaros" de Hitchcock.

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