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Nueces de California

Sana envidia, Maquiavelo

Los resultados electorales en el País Vasco y Galicia frente a lo que sucede en Cataluña y en Asturias

La envidia es el medidor de los logros. El que más la padece nunca ha logrado nada. Anónimo

Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen. Maquiavelo

La envidia es un sentimiento que no entiendo, porque me parece el más mediocre de los pecados capitales. Además, como tampoco creo en la teoría del pecado, la verdad es que me cuesta mucho entender el país en el que vivo. Hace ya un tiempo escribí una poesía que decía: "Dame tus ojos, quiero poder ver la envidia en las miradas. Dame tus manos, quiero sentir la tersura del barro suavemente torneado; dame tus labios, entrégamelos poco a poco, a plazos; dámelo todo, no me des nada". Este sentimiento tan contradictorio fue el que tuve la noche del domingo 25 de septiembre, viendo los resultados electorales en Euskadi y en Galicia. Tuve sana envidia, y pensé cómo en Asturias habremos llegado tan bajo. Y aunque es verdad que el mantel de mi casa tiene más historia que la Ikurriña, y que el PNV fue fundado por un racista xenófobo como Sabino Arana, hay que reconocer que los políticos vascos son diferentes, quizás porque los vascos también lo son.

Íñigo Urkullu en España parece un marciano. Es un tío serio, sereno, que cuando habla castellano tiene el gusto de mostrar su procedencia. Oía una entrevista hecha por Pepa Bueno antes de las elecciones, y se ve que Urkullu es un político próximo y asequible, pegado al terruño, que no se esconde, que le gusta que sus conciudadanos le puedan parar en la calle y mirarle a la cara. Pero la persona que más me sorprendió fue Andoni Ortuzar, presidente del PNV, que dejaba muy claro que los políticos vascos se deben a la ciudadanía, que la han escuchado, y que lo que han oído, lo han plasmado en su programa electoral. Dejó claro que el derecho a decidir es un tema que el PNV no plantea, y que los vascos saben que lo que escriben lo cumplen. Los vascos, a diferencia de los catalanes hoy en día, no pierden el tiempo con memeces. Saben que el desarrollo del País Vasco depende de una política de ciencia e innovación (programa Ikerbasque) que ha traído a las universidades y centros de investigación del País Vasco a científicos de gran valía de diferentes partes del mundo. Y saben que también depende de una política de diversificación industrial que hace que muchas empresas del país vasco, incluso pymes, estén presentes en los mercados más importantes.

Me llamó atención la crítica de Ortuzar a los políticos del PSOE, a los cuales acusó de sobreactuar y con los cuales afirmó comparten muchos acuerdos (por entonces todavía no había estallado el triste espectáculo socialista). Todo un ejemplo de moderación. Ortuzar es un buen orador, dada su formación de periodista, y habla un castellano exquisito, cosa que no ocurre hoy en día con muchos políticos catalanes, que dan pena. ¡Ya les gustaría ser como los vascos! Ese es parte del problema, ya que a Cataluña le gustaría poseer el concierto vasco, y también las ideas tan claras como los políticos del PNV. Se ve que detrás del PNV está la iglesia. Otegi y compañía no tienen nada que hacer porque los vascos son pragmáticos y saben que Euskadi no puede dejarse en manos de unos iluminados. En cuanto a los catalanes, yo creo que merecen mucho mejor trato, y que tienen que expresarse mejor en castellano.

En Galicia, ¡oh miña terra!, hay que reconocer que Núñez Feijóo es una figura, nada que ver con don Mariano. Los políticos del PP asturiano podrían tomar algunas lecciones, pero ya saben lo que se dice: "Si natura non da?". Feijóo es un tipo inteligente, que después de la retirada de Fraga en el 2000 ha logrado eclipsar (o al menos convivir) a las dinastías de los caciques gallegos (Baltar, Cuiña?), e incluso hacer olvidar una posible financiación de los narcos; es decir, Núñez ha sabido adaptarse a las peculiaridades de su tierra, aunque cuando "fala galego" se ve que va forzado. Tener la cabeza bien amueblada ayuda. Núñez, Urkullu y Ortuzar son tipos pragmáticos. ¿Asquerosa coincidencia?

Cuando en una autonomía se tienen personas de peso todo va a mejor, sean éstas conservadores o progresistas. Y aunque no me gusta, ni creo en esta clasificación -y obviamente haya diferencias importantes entre las políticas sociales que llevan unos u otros-, los tíos de peso tienen sentido de Estado, y cariño a la tierra, y saben que si no se planifica el futuro se está hipotecando el presente, secuestrando los sueños de las generaciones futuras. También saben que no gobiernan solo para sus votantes, sino para el progreso general de su país. En Asturias ya llevamos mucho tiempo sin políticos de este estilo, y no hablo de gordos, ni de pesados, que también los hay, hablo de políticos que hayan soñado con una Asturias mejor. Quizás los más presentables hayan sido Rafael Fernández, por lo que significaba, y Pedro de Silva, porque supo retirarse a tiempo. Y aunque no lo conozco personalmente, me imagino que sus apellidos le hayan otorgado cierta cordura. Lo digo porque a mí me influirían. Ya me influyen el Fernández y el Martínez, cuando recuerdo la figura de mis padres y de mis abuelos, ¡así que imagínense si procediese de buena cuna! Bueno, cabría decir que de buena cuna vengo, porque soy sensible a los juicios de la historia y no vendo mi honor por un puñado de maravedíes. Hay cosas que el dinero no puede comprar. A Pedro de Silva, como a mí, le gusta escribir, y ha sido ganador de la Sonrisa Vertical, un concurso de narrativa erótica. Además, sabe ser breve. Tiene todos mis respetos.

De todo esto se extraen varios corolarios:

1. Que el País Vasco es el mejor sitio para emigrar en España.

2. Que el gallo es gallo porque es capaz de cantar aunque tenga las patitas entre la mierda.

3. Que cuando uno ama a su tierra, no puede traicionarla, y si uno no puede hacer nada, y tiene que defender intereses espurios, siempre es mejor dimitir.

4. Que el que no dimite, admite, y el que admite, merece el juicio más severo de la historia, y que no haya cigua que pueda protegerle.

5. Que Asturias todavía no ha tocado mínimos, y que cuando lleguemos, todavía seguiremos durante mucho tiempo arrastrando el culo por el valle, porque esa es la topografía típica de las situaciones desastrosas.

Si fuese presidente del Principado estaría avergonzado y dimitiría; pero como no lo soy, ¡caña al mono que es de goma! Además de no ser yankee, mi grupo sanguíneo, según el xenófobo X. Arzallus, me permitiría ser vasco. Como los vascos, tengo yo "un culo pequeño, escurrido y elegante, no como los maquetos, que lo tienen como una plaza de toros", según Xavier. Ya he pedido cita para agrandarme la nariz. Y eso que mi padre, al que quiero como buen Pinocho, no es Gepeto: se llama Laudelino.

Para terminar, si fuera militante socialista, que no lo soy, estaría muy preocupado, pues lo estoy como asturiano y español. ¿A quién pertenece el partido? ¿Al grupo Prisa? ¿Por qué siempre ganan los agazapados? Maquiavelo es un best-seller y se edita en Ferraz. El espíritu de Borrell quizás se vengue algún día, porque si no lo hará la ciudadanía. Toca gestionar la miseria.

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