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Fernando Granda

Dylan sí, Dylan no

Robert Allen Zimmerman, conocido mundialmente como Bob Dylan, acepta el premio Nobel 2016 de Literatura que le ha concedido la Academia Sueca. ¡Menos mal! Porque si ya era maldito para unos, ahora corría el "riesgo" de ser maldito para otros muchos. El premio "Príncipe de Asturias" de las Artes 2007 (¿o no lo es por no venir a recibirlo?) obtuvo el "Pulitzer" honorario un año después por su "profundo impacto en la música popular y en la cultura norteamericana, marcado por sus composiciones líricas de extraordinario poder poético". Pero ahora es cuestionado por buena parte del establishment. Hoy que la poesía se muestra en cuartillas pegadas en paradas de autobús, en internet, en garitos marginales, underground, fuera de la cultura oficial, paralelos, alternativos, se objeta el galardón.

"La poesía es un arma cargada de futuro" dejó escrito Gabriel Celaya. Y su obra poética fue cantada y difundida por el mundo por Paco Ibáñez, otro maldito. Pero el poeta de Hernani parece que era más querido en su barrio que el mundo oficial. Un contorno, "La Prospe" madrileña, en el que convivían Celaya y su inseparable Amparitxu, Rafael Sánchez Ferlosio, Mario Benedetti, Javier Krahe, Víctor Manuel San José, Manolo Pilares y otros bardos menos universales. Paseaban por las mismas calles, compraban en el mismo mercado, luchaban por similares ideales y aunque no coincidieran en alguna cosa convivían sin dificultad, cordialmente, sin acritud. Aunque a Ferlosio, que suele recitar a Machado o a Darío, la poesía no le "entre". Por su parte Benedetti cantó el "Buenos días, Gabriel" en estos versos: "Tres poetas en uno / semillero / de tantos más / tu ánima insumisa / se topó con la muerte en su pesquisa / y la puso a cuidar tu invernadero... fiel a tu gente / a Amparo / y a ti mismo / a pesar de tus ráfagas de triste". Poeta acoge a poeta. Autor defiende a autor.

Pero Dylan, tanto en la música como en el cine o la poesía, siempre tuvo detractores célebres. Escritores como Norman Mailer, con registros en todos los campos literarios y gran innovador del periodismo, dijo en una ocasión que si Dylan era un poeta, él era un jugador de baloncesto. Ahora otro Nobel se pronuncia de manera parecida. Para Mario Vargas Llosa "la decisión de este año de la Academia es una frivolización de la cultura". Al tiempo que añadía que "es la civilización del espectáculo, que ya llega a la institución sueca".

Es decir, en estos tiempos en que escribir poesía es quizás el mayor esfuerzo del autor, cuando los poetas se las ven y se las desean para publicar sus poemarios, cuando muchos de los nuevos rapsodas se tienen que refugiar en locales alternativos, en bares casi clandestinos, unos bellos versos, para conseguir el elogio y la gracia de un galardón han de ser publicados a través de la imprenta, de una editorial de prestigio. Si no, no merecen consideración de obra literaria. Cuando para que se conozcan sus poemas una joven madrileña ha tenido que ir pegando sus cuartillas por las paradas de autobús de la Gran Vía o refugiarse en una nocturna cantina del casco antiguo y hasta recurrir a la pintada mural de una estrecha e intransitada calle de barrio popular, la poesía para ser reconocida como tal ha de ser publicada con formato oficial.

¿Corporativismo mal entendido? ¿Desprecio por el rival? ¿Diferencia de ideas? A algunos de los que rechazan que le den el premio a Dylan solamente les ha faltado decir que además es mal músico. ¿Dirían lo mismo de la poesía que se publica en internet? La belleza lo es en cualquier formato, en cualquier soporte. "¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre / antes de que le llaméis hombre? / ¿Cuántos mares tiene que surcar / la paloma blanca / antes de poder descansar en la arena? / Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar / las balas de cañón / antes de que sean prohibidas para / siempre? / La respuesta, amigo mío, / está soplando en el viento / La respuesta está soplando en el viento." Lo canta Robert Allen Zimmerman. Bob Dylan.

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