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Profesor del Departamento de Geología de la Universidad

Aeropuerto de Asturias "Severo Ochoa", razones para un sí

Un justo reconocimiento a la labor de un premio Nobel asturiano al que sólo cabe sumar apoyos

El pasado martes las federaciones de Empresarios de Valdés y de Asociaciones de Asturias presentaron públicamente en Oviedo su propuesta formal para denominar a la terminal asturiana como Aeropuerto de Asturias "Severo Ochoa".

Ante este más que justo y adeudado reconocimiento -que nació en el Instituto de Educación Secundaria de Luarca- a la labor de un premio Nobel asturiano pero, en especial, de un científico universal, solo cabe sumar apoyos. La única cuestión al respecto es si se puede encontrar algún argumento para no adherirse a esta propuesta. Lo cierto es que no.

Deportistas, escritores o políticos dan nombre a diferentes terminales aeroportuarias en nuestro país (Severiano Ballesteros, Rosalía de Castro, Adolfo Suárez, etc.). Ningún científico, por el contrario, ha contado con tal reconocimiento. Ya se sabe que la investigación, a pesar de lo imprescindible que resulta para nuestro día a día, no goza de la popularidad inmediata de los -seguramente enormes- méritos de cualquier deportista de alta competición, de la simpatía que genera un buen libro o de los apoyos que suscita la eficaz gestión política.

Es hora ya de que la ciencia comience a ser protagonista del más elemental reconocimiento social. No es necesario recordar, por poner un ejemplo sencillo, que cualquier tratamiento médico (de esos que todos demandamos cuando en algún momento la salud nos abandona) es fruto del denodado trabajo diario (bastantes más de las reglamentarias 8 horas) de un batallón de mal pagados científicos, a los que la sociedad raramente reconoce su labor. Es cierto que un investigador alcanza en su vocación y en los frutos de su trabajo la mayor recompensa posible, pero un mundo cada vez mejor requiere que la labor de los científicos sea reconocida por una sociedad que tan beneficiada resulta de su callado trabajo.

La Universidad de Oviedo, especialmente notoria en el ámbito de la bioquímica, y su Rector tienen una oportunidad única para luchar por el reconocimiento a la labor científica, plasmada en este caso en la figura de un bioquímico universal y además asturiano. Que un bioquímico, cuyo denodado trabajo y profunda sabiduría han supuesto un enorme avance para toda la humanidad, dé nombre a un aeropuerto por el que transitan un millón de viajeros anualmente es un enorme paso en el agradecimiento a tan olvidada profesión.

Que esta propuesta parta de la sociedad a través de dos federaciones supone, asimismo, otro argumento a favor de la misma, a la que sólo cabe sumarse desde todos los ámbitos, empezando por el universitario y por el político, desde el Ayuntamiento de Valdés hasta la Presidencia del Gobierno del Principado de Asturias.

Cuenta España con ocho premios Nobel, seis escritores y dos relacionados con la medicina, cuyos méritos sin duda no es necesario recordar. Ninguno de ellos tendrá jamás el debido reconocimiento social. En Asturias tenemos ahora una oportunidad única, que solo implica un pequeño gesto, para comenzar a pagar la inconmensurable deuda que tenemos con los científicos. Por ello, ¿quién puede negarse a apoyar que nuestro aeródromo pase a denominarse Aeropuerto de Asturias "Severo Ochoa"?

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