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Javier Ciervo

Un millón

Javier Cuervo

Algoritmo pezonero

El cantante Justin Timberlake descubrió el pezón de América hace 14 años. Resultó ser uno de los dos que posee Janet Jackson. Janet hizo esa apuesta escénica para poner la guinda al pastel de la Liga del fútbol americano y fue un tropezón del que no ha levantado carrera.

La sociedad estadounidense se relaciona mal con los pezones. La gran compañía Facebook censura esa pequeña protuberancia aureolada por la areola. Su ejército informático ha censurado imágenes tan descontextualizadas de la libido como la foto de una mamografía en "Le Monde". ¡Franceses tenían que ser! pensó, otra vez, el puritanismo estadounidense.

Los crecidos en el franquismo damos al pezón una importancia informativa. En aquel régimen, las revistas enseñaba la parte alta del pecho en escotes y la parte baja de los pechos en remangos, pero ocultaban el dato del pezón, esa solución elegante para sus distintas funciones (la principal es la nutricia al ser los humanos mamíferos, en general de bebés).

La idea de que un ingeniero haya creado, por encargo del magnate Mark Zuckerberg, un algoritmo pezonero es una pesadilla de científico loco. Implica elaborar un conjunto prescrito de instrucciones bien definidas, ordenadas y finitas para, mediante pasos sucesivos que no generen dudas, detectar en las fotografías el epicentro mamario. Es la informática al servicio de una perversión ideológica y sexual expresada en "¡No quiero pezones en mis páginas!".

Como vecino de internet, Facebook presume de desplegar el mundo en un click pero no de replegarlo con el mismo esfuerzo. El mismo gesto permite ver o no ver a voluntad.

¡Normalidad para los pezones! Normalidad, más que para darle visibilidad al pezón para que pierda invisibilidad.

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